Del niño que descubrió la portería casi por casualidad al guardameta que se ha consolidado como una de las grandes referencias del hockey hielo español. En esta primera parte de la entrevista concedida a HockeyHielo.NET, Raúl Barbo repasa sus inicios, su etapa de formación en Canadá, la evolución que le ha llevado a convertirse en uno de los mejores porteros nacionales y la mentalidad que hay detrás de los títulos conquistados en los últimos años.

En el hockey hielo hay una posición donde no existe el anonimato. Cuando un delantero falla, siempre llega otra oportunidad. Cuando un portero comete un error, el marcador rara vez perdona. Quizá por eso los grandes guardametas se construyen de una forma diferente: con paciencia, experiencia y una capacidad casi infinente para aprender de cada partido.
Raúl Barbo representa perfectamente esa evolución. Desde que dio sus primeros pasos en la portería hasta convertirse en el referente bajo los palos de la selección española y en uno de los grandes protagonistas de los éxitos recientes del CG Puigcerdà, su carrera ha sido una constante búsqueda de mejora. No ha sido el camino de un talento precoz que lo ganó todo desde el principio, sino el de un deportista que ha crecido temporada tras temporada, acumulando experiencia dentro y fuera de España hasta alcanzar el mejor momento de su carrera.
Con varios títulos nacionales, un oro mundialista en División II-A, el reconocimiento como mejor portero de aquel campeonato y unas estadísticas que lo sitúan entre los mejores guardametas de la Liga Nacional, Barbo afronta una nueva etapa con la serenidad de quien sabe que todavía le quedan retos por delante.
En HockeyHielo.NET conversamos con él sobre el oficio de ser portero, la experiencia de jugar en Canadá, la evolución del hockey hielo español, la selección nacional y todo aquello que no siempre se ve desde detrás de la máscara.
El camino hasta la portería
Hoy todo el mundo te identifica como portero, pero ¿qué recuerdas de aquel niño que empezó a jugar al hockey? ¿Qué te enamoró de este deporte antes incluso de ponerte unas guardas?

Empecé como un niño que disfrutaba patinando en patines de hockey línea, y aparte de disfrutar de la velocidad que me daba poder ir en patines, se me daba bien. Muy poco después, el club de Las Rozas, donde empecé a patinar, me ofreció la oportunidad de probar el hockey línea, en el cual empecé como jugador, y sinceramente, después de haber probado innumerables deportes, este me encantó. No se puede describir bien cómo ni por qué, pero en ese momento supe que ese iba a ser mi deporte. El cómo empecé de portero fue de rebote: sin esperarlo, un día mi equipo de sub-9 se quedó sin portero y me tocó a mí, ya que alguien tenía que ponerse. Una vez vi lo divertido que era poder lanzarme por cualquier lado sin hacerme daño, y esa adrenalina que te da hacer una parada, aunque no tuviese ni idea, fue lo que me hizo tener claro cuál era mi puesto dentro de ese deporte que me encantaba y del cual no tenía ni idea, pero solo quería seguir jugando.
«Creo de veras que ser portero no es una simple elección; además, es algo innato que se tiene o no.»
Muchos deportistas recuerdan el día en que entendieron que querían competir de verdad. ¿Hubo un momento en el que tú pensaste: «quiero llegar lo más lejos posible en el hockey»?
No creo que hubiese un momento específico en el que supiese que quería competir de verdad. Más bien, desde pequeño siempre he tenido esa vena competitiva en todo lo que he hecho: siempre he querido mejorar y ser la mejor versión posible de mí mismo, sobre todo en los deportes o en cualquier tipo de competición. Lo de llegar lo más lejos posible nunca lo he pensado conscientemente, me salía sin más.
Cuando miras atrás, ¿qué personas han sido realmente decisivas en tu formación? No solo entrenadores; también compañeros, familia o gente que te ayudó cuando las cosas no salían.
El apoyo de mi familia ha sido el pilar básico en mi formación, pero si he de destacar a alguien, ha sido mi madre. Sin ella, probablemente habría renunciado. No porque no quisiera jugar, sino porque de pequeño, ser portero es durísimo mentalmente: los jugadores a esa temprana edad siempre echan la culpa al portero de los goles encajados, y siendo un niño es muy duro ver cómo estás «solo» y cargar con la responsabilidad del éxito o el fracaso del equipo, sobre todo cuando eres alguien tan competitivo.
Mi madre, Mónica, siempre me ha apoyado para seguir adelante cuando las cosas no salían bien, cuando te veías derrotado, cuando «la culpa había sido tuya». Siempre estaba ahí para levantarme los ánimos, para seguir adelante. Cuando tenía que tomar decisiones importantes que definirían mi carrera, ella siempre me ha aconsejado y animado a seguir, por duro que fuese el camino, porque sabía lo importante que era para mí.
«Sin mi madre no estaría aquí respondiendo a esta entrevista.»
Marcharse para crecer
Con 18 años decides marcharte a Canadá, algo que entonces no era nada habitual para un jugador español. ¿Qué estabas buscando realmente?
No buscaba nada específico; creo que sentía directamente que era el paso que tenía que dar (o al menos luchar por darlo) si quería seguir con mi mentalidad de mejorar y ser la mejor versión de mí mismo en este deporte. ¿Dónde mejor que en Canadá para seguir formándome y mejorando?
¿Qué fue lo más duro de aquella experiencia? No desde el punto de vista deportivo, sino personal.
No creo que pueda decirte algo negativo a nivel personal. El hecho de distanciarte de lo que es tu zona de confort puede considerarse «duro», pero disfruté muchísimo de esa experiencia; era lo que quería hacer, y creo que soy una persona bastante independiente. Aprender a vivir «solo» me enseñó muchísimo, pero, como te digo, disfruté mucho de esa etapa de mi vida.
Lo más duro te diría que fue tener que volver obligado debido al covid-19, cuando ya tenía una beca en una universidad para seguir mi carrera como jugador universitario.
¿Hubo algún entrenamiento, algún compañero o algún entrenador que te hiciera pensar: «este es el nivel al que quiero llegar»?
No, nunca he tenido una meta fija. Sí que hay objetivos que quieres cumplir, pero nunca un nivel al que quisiera llegar para quedarme ahí; siempre he querido más y más, no conformarme con nada, seguir adelante.
Cuando regresaste a España, ¿qué sentías?
Como te decía, el hecho de que mi beca universitaria no siguiera adelante debido al covid fue lo más duro, lo que se tradujo en impotencia y rabia al saber que no podía seguir mi camino por circunstancias ajenas a mí y que escapaban de mi control. Pero eso me abrió otra oportunidad: poder luchar por destacar en la liga española y conseguir mi primer título en una liga que, desde que jugaba en el Boadilla con 15-16 años, era algo impensable de conseguir en ese momento.
El oficio de ser portero

Desde fuera parece que un portero vive el partido de una forma completamente distinta al resto. ¿Cómo describirías tú esa sensación?
Dentro de que jugamos al hockey hielo, creo que el portero juega otro tipo de partido muy diferente al de los jugadores. La concentración constante, debido a que estás los 60 minutos dentro del hielo, la gestión de emociones, el ser un mero espectador a la hora de marcar goles, la tensión de no poder cometer un error… todo eso es diferente a lo que creo que sienten los jugadores.
En un uno contra uno, ¿qué pesa más: la técnica, la intuición o intentar leer la mente del delantero?
Considero que lo más importante es anticiparse mentalmente a lo que puede hacer un jugador. Más que ver qué opciones tiene, se trata de saber tú cómo cerrar esas opciones antes de que el tirador tome una decisión. Nunca dar nada por hecho e intentar leer el juego. Esto creo que es algo que nunca se llega a dominar al 100%: siempre puede venir un jugador con algo que no has visto y sorprenderte, pero eso ya es experiencia mental que tienes que ir recopilando.
«Lo más importante es anticiparse mentalmente a lo que puede hacer un jugador.»
¿Cuánto tiempo dedicas a estudiar a los rivales? ¿Hay delanteros frente a los que te prepares de una forma especial?
La verdad es que no mucho, te diría que nada de tiempo. No quiero hacerme una idea preconcebida de lo que va a hacer mi rival, porque eso limitaría mi lectura del juego a unas pocas opciones, y eso te limita mucho a la hora de jugar.
Sí que tienes una idea de qué jugadores son más habilidosos de manos y cuáles son más directos a la hora de tirar, pero nada más. No te limites a ti mismo.
Hay noches en las que un portero hace treinta paradas y otras en las que apenas toca el disco durante muchos minutos. ¿Qué tipo de partido te exige más concentración?
Yo diría que la «cantidad» de concentración es la misma, pero el tipo cambia. En el partido con intervenciones constantes tienes que luchar mentalmente contra la fatiga física, y en el partido con menos acción luchas mentalmente contra tu propia concentración para no perderla. Personalmente, prefiero los partidos en los que hay más intervenciones.
¿Recuerdas el gol que más te ha dolido encajar?
Sinceramente, ningún gol encajado dura mucho en mi mente…
¿Y alguna parada inolvidable?
Esto ya es otra cosa, y creo que por ahora hay dos paradas que nunca olvidaré. La primera fue el penalti parado a Rendulic, en el partido contra Croacia con el que acabamos consiguiendo el oro en el Mundial de Madrid de 2023. Y la otra, la parada en el último segundo del partido contra Países Bajos en el Mundial de Vilnus de 2024, con la que conseguimos mantener la Div. 1 por primera vez en la historia.
«Hay dos paradas que nunca olvidaré…»
Evolucionar para seguir ganando
Tus estadísticas cuentan una historia curiosa. No hubo una explosión repentina; cada año aparece un Raúl Barbo un poco mejor que el anterior. ¿Qué has ido cambiando para seguir evolucionando?
Antes de nada, decir que pienso que las estadísticas no reflejan la realidad de un partido o una temporada, ya que hay que tener muy en cuenta el contexto de estas. Pero creo que cada año me centro en mejorar algún aspecto que pienso que no ha sido mi punto fuerte ese año, y lo añado para la temporada siguiente, lo que se traduce en una mejora progresiva. No tiene que ser solo a nivel de juego, sino también a nivel mental, de preparación física, de hábitos y, obviamente, a nivel técnico.
Se suele decir que los porteros alcanzan su plenitud más tarde que el resto de jugadores. ¿Te sientes ahora mismo viviendo el mejor momento de tu carrera?
Sí que es verdad que los resultados de los últimos años han sido muy buenos, y sí que pienso que la plenitud de los porteros llega más tarde, ya que necesitamos experiencia de juego para controlar la mayor parte de los aspectos del juego posible.
Pero no pienso en si estoy viviendo mi mejor momento; ya lo pensaré una vez retirado. Ahora me centro en que mi mejor momento todavía está por llegar, no me conformo con lo que he hecho, quiero seguir mejorando y seguir luchando por mejores resultados.
Si compararas al Barbo de 2026 con el de hace cinco años, ¿en qué dirías que han mejorado tus manos, tu cabeza y tu forma de competir?
Considero que he mejorado en dos aspectos: técnicamente soy mejor y preparo mejor la temporada, mentalmente soy más fuerte; pero mi forma de competir sigue siendo la misma, sigo luchando cada partido y cada entrenamiento como el primer día.
El campeón

Has ganado títulos en prácticamente todas las categorías posibles: Sub-18, Sub-20, Mundial División II-A, Ligas, Copas… ¿Cuál cambió realmente tu carrera?
No creo que ninguno haya cambiado mi carrera. Sí que los títulos te aportan confianza, pero mi camino ha sido siempre el mismo: centrarme en mí, en mejorar, y los títulos vendrán, ya sea porque un equipo con más capacidad ganadora quiera contar conmigo o porque siga siendo convocado a la selección. No conformarme es lo que ha marcado mi carrera.
El ascenso mundialista de 2023 en casa vino acompañado del premio al mejor portero del campeonato. ¿Qué significó ese reconocimiento para ti?
Es un orgullo recibir el premio al mejor portero, y, como decía, los premios y los títulos te dan una confianza extra, pero ese premio llegó porque luchaba con mis compañeros por ganar el Mundial. Ese objetivo principal trajo consigo el premio al mejor portero, el cual recordaré con mucho cariño toda la vida.
Las últimas temporadas también han sido extraordinarias a nivel de clubes (dobletes con Jaca y Puigcerdà). ¿Qué tiene un vestuario campeón que no tienen los demás?
Hambre de ganar, ambición y ganas de luchar. En el momento en que se pierde eso, los entrenamientos salen mal, los malos rollos empiezan a aparecer y, en parte, se divide el vestuario por no tener el mismo objetivo en común.
Muchas veces se habla del talento de los equipos campeones, pero menos de la exigencia diaria. ¿Qué nivel de autoexigencia tiene un vestuario que quiere ganar todos los años?
Tiene que querer luchar cada día; habrá días que serán más duros mentalmente, pero es precisamente en esos momentos donde se ve si el equipo tiene lo que hay que tener para ganar. Competir cada día, prepararte bien físicamente para aguantar todo el año y no bajar los brazos.
▶ En próximos días publicaremos la segunda parte de esta entrevista en HockeyHielo.NET, en la que Raúl Barbo analiza el presente del hockey hielo español, la selección nacional, la llegada de porteros extranjeros, su futuro deportivo y la situación de los pagos pendientes de la Federación a los internacionales.
