Después de una década al frente del senior masculino, donde construyó un proyecto desde la nada hasta las recientes consecuciones del doblete de Liga y Copa (24/25) y Liga Ibérica (25/26), Salva Barnola da el salto al banquillo femenino del Club Gel Puigcerdà con la misma filosofía que le caracteriza: trabajo, sacrificio, humildad y creer en el proyecto.
La temporada pasada, interinamente, ya condujo al equipo a su primer título de Liga Iberdrola y a la tercera Copa de la Reina consecutiva. Ahora, como entrenador principal, afronta el reto de mantenerse en lo más alto en un hockey femenino español que crece en competencia y nivel.
Salva, comienzas una nueva etapa al frente del equipo femenino del Club Gel Puigcerdà.
Tu carrera como entrenador principal llegó tras la pandemia, ayudaste al entrenador del equipo femenino y después te hiciste cargo del Senior Masculino, al que llevaste a ser campeón de Liga y Copa al quinto año y campeón de su primera Liga Ibérica al año siguiente, junto a Dani Hilario. ¿Qué te ha llevado a aceptar este reto de volver al femenino, ahora como principal, y qué es lo que más te ilusiona del proyecto?
Yo dejé de jugar la temporada 2015-2016 y en la 2016-2017 ya pillé el senior. Era un proyecto nuevo, ilusionante, no había dinero —se debían más de 100.000 euros—. Me hicieron la propuesta de jugar y entrenar porque había pocos jugadores, no se podían traer fichajes. Y bueno, cogí el reto: era dejar de jugar pero no dejar el hockey y hacer el enlace como entrenador. Toda la experiencia que había cogido como jugador, en los mundiales, con los mejores entrenadores, la convertí en mi filosofía.
Los dos primeros años fueron durísimos, difíciles, el club empezó sin dinero, se pagaban las fichas los propios jugadores, tuvimos que recurrir a antiguos jugadores retirados, la federación nos prestó palos antiguos, viajábamos en coche porque no había dinero para autobuses. Pero a la vez se sembró una semilla: cuando llegas al fondo del pozo y lo único que te queda es subir, empezamos poco a poco con una filosofía.
Fueron diez años muy bonitos junto a Dani. Pensamos prácticamente igual, plantamos una filosofía que creo que salió bastante bien. Cinco finales de Liga, dos ganadas, cuatro finales de Copa, dos ganadas. Y subimos a muchísima gente joven, que era una de las cosas que más me llevo: formar jugadores para mí es más importante que ganar títulos.
Y luego, cuando el club prescindió del entrenador femenino hace dos años, Ramil, cogí ese equipo en semifinales, lo llevamos a la final y ganamos la Copa de la Reina. El año pasado ya estuve alternando las dos disciplinas, femenino y masculino, y cuando Jaime de Bonilla no pudo venir, nos metimos de lleno con el femenino. Salió un año fantástico: ganamos la primera Liga Iberdrola y la tercera Copa de la Reina. Sentí que quería continuar en el club pero en otra categoría, dedicarme de lleno a las chicas, que tengan un entrenador fijo, con más tranquilidad. Es un reto más, y este año empezamos con mucha ilusión.
Llegar a un vestuario femenino supone también entender sus particularidades. ¿Qué encontraste cuando comenzaste a trabajar con el equipo y qué primeras conclusiones has sacado de estas jugadoras, actuales campeonas de Liga y Copa?
Entré en el femenino hace un año y medio. Cuando decidieron prescindir de Ramil, fui a echar una mano y ya me quedé toda la temporada. Y la verdad es que es totalmente diferente al masculino. Hay mucha diferencia de edades: estamos hablando de chicas desde 2012-2013, este año incorporación de 2013 —chicas de 13 años—, y luego las veteranas, que tienen 24 o 25. Gestionar eso es difícil, pero al final se llevan muy bien, hay un buen vínculo.
Son muy agradecidas, se lo toman más en serio, te escuchan más, tienen más inquietudes. Yo estoy contento, la verdad, y comienzo un año lleno de alegría al empezar este reto.
Si tuvieras que definir en pocas palabras la identidad que quieres que tenga el Puigcerdà sobre el hielo, ¿cómo te gustaría que se reconociera al equipo?
La filosofía que implantamos en el senior masculino con Dani la tenemos también con las chicas. Lo importante se forja dentro del vestuario: que haya buen rollo, compromiso por parte de todo el mundo, y eso luego se refleja en el hielo. Tiene que haber una línea de trabajo, todas unidas. Los cuatro pilares son trabajo, sacrificio, humildad y creer en el proyecto. Esos son los pilares fundamentales. Y con eso puedes marcar una filosofía de juego que se adapte a las jugadoras.
No tengo una filosofía fija que quiera imponer porque sea terco, sino que dependiendo de las jugadoras que tengo, hago un sistema que se adapte a ellas y ellas al sistema. Que lo entiendan, que sea llevadero y que se sientan sobre todo partícipes, importantes en el sistema. Que sea un sistema fluido y que también puedas involucrar su proyección.

¿Qué aspectos del juego consideras prioritarios para un equipo que ya es ganador? ¿Hay una idea táctica concreta que quieras convertir en seña de identidad del equipo?
Para un equipo que ya ha ganado, lo principal es no relajarse y seguir trabajando con la misma humildad de cuando estábamos abajo. Tácticamente, la adaptación es clave: no impongo un sistema cerrado, sino que construyo en función de las jugadoras que tengo. Este año contamos con tres jugadoras de línea importantísimas —Judit Pareja, Merce Vilaro y Mireia Fernandez— que son uno de los pilares fundamentales del equipo.
La idea es que el sistema sea fluido, que las chicas se sientan partícipes y que podamos compaginar el hockey sobre hielo con el patinaje línea cuando sea necesario, como hicimos el año pasado que nos funcionó muy bien.
En el hockey femenino español existe cada vez mayor competencia y los equipos están creciendo. ¿Dónde sitúas actualmente al Puigcerdà dentro de ese escenario?
Al final tienen que tener una buena motivación. Han hecho historia, han ganado su primer doblete —Liga y Copa—, pero lo difícil es mantenerse. Es un reto súper bonito.
La Liga femenina va subiendo en nivel, sobre todo se está notando que los equipos se igualan mucho más. Antes había dos candidatos al título, quizá tres, pero ahora hay cuatro o cinco equipos que te pueden dar un susto. Están el Jaca, el Majadahonda, el Txuri, el Huarte… siempre están ahí. El Tartalo también está subiendo el nivel y Quimeras continúa su evolución. Ya no hay partidos fáciles.
La mentalidad tiene que ser creer, ir a luchar… Repetir título es difícil, pero el hambre es lo que te hace luchar a tope. Y para eso en los entrenos hay que meterles presión, llevarlas al límite, que cada partido sea un reto y motivarlas, porque mantenerse después de haber ganado es más difícil que llegar.
La temporada siempre termina condicionada por los resultados, pero ¿qué objetivos te has marcado realmente para este proyecto? ¿Qué tendría que ocurrir para que al finalizar la temporada considerases que ha sido un éxito?
El objetivo principal es llegar al playoff lo más alto posible, si puede ser primero o segundo, para tener esa mini ventaja en las semifinales. Luego están las finales. Y en el Puigcerdà hay que trabajar semana a semana, aparte de trabajar mucho con el calendario para compaginar los compromisos de las jugadoras que también compiten en línea.
El éxito sería repetir título de Liga, o al menos competir por todo hasta el final. Si al finalizar la temporada hemos vuelto a estar en las finales y las chicas han dado todo lo que tienen, lo consideraré un éxito.
Uno de los grandes retos del hockey femenino es conseguir que las jugadoras jóvenes tengan continuidad y encuentren un camino para desarrollarse. ¿Qué importancia tiene para ti la cantera dentro del proyecto del Club Gel Puigcerdà?

La importancia es máxima, aparte de que tengo a mi hija involucrada. Una de las cosas que yo no quería era entrenarla, porque es difícil gestionar el papel de padre y separarlo del de entrenador, pero bueno, hará partidos con su U15 y otros con el senior, y intentaré llevarlo de la mejor manera posible.
Hay una cantera de chicas aquí muy buena, que suben bastante bien. Las del 2012, tres chicas del 2013, hay alguna del 2014 que empuja muy fuerte. Hay un grupito aquí que se puede trabajar de 10 o 12 chicas para el futuro. Es un poco sembrar esa semillita. Y luego, alguna chica nueva de incorporación este año: Inés, Estela, Abril y Gala. Por fin tendremos segunda portera, porque hasta ahora siempre estábamos con el «si Carolina falla, tiene una lesión, tiene un mal partido…», ahora nos puede echar una mano Abril.
Con la incorporación de estas jugadoras el equipo ha crecido en volumen y será un reto chulo de gestionar. No obstante, tenemos también bajas muy importantes como Kiera, Paula y Alexia Gimenez, Mirta, Georgina, Sandra, Olivia o Rosa.
¿Qué perfil de jugadora buscas? Más allá de la calidad técnica, ¿qué valores o características consideras imprescindibles para formar parte de tu equipo?
Lo que buscaba en el equipo senior y busco en el femenino: jugadoras que vengan a darlo todo por el club. Tenemos la suerte de contar con Megan Norris, que ya está en su cuarta temporada, Courtney, Ana (la nueva canadiense)… Se busca ese perfil de jugadoras que se adapten a la ciudad, al juego, pero sobre todo, muy importante: cómo son en su parte humana.
Cuando investigo a alguna jugadora, pregunto a otros jugadores, a otra gente, cómo es, qué carácter tiene. Con los jugadores del senior hemos rechazado a gente de mucho nivel pero que sabíamos que eran conflictivos o tenían algún vicio. Intentamos descartar ese tipo de jugadoras.
Aquí la verdad es que estos tres años que he estado con ellas, el perfil de jugadoras es muy adaptable. El vestuario que veo este año, con lo poco que llevamos entrenando, lo veo bastante unido, aunque hay algunas jóvenes con miedos e inquietudes. Pero poco a poco, cuando tengamos el equipo al completo, todo irá subiendo.
Puigcerdà es un pueblo con una enorme tradición de hockey hielo y una afición muy vinculada al deporte. ¿Qué papel crees que juega el equipo femenino dentro de esa cultura histórica del club?
Aquí hay una buena raíz de hockey sobre hielo desde hace muchos años. Se va a celebrar el 70 aniversario de la fundación del club en 1958 y es un deporte que está creciendo a nivel de chavales. Ahora mismo hay cantera en todas las bases: los U15 y U18 han llegado a la final, las chicas han conseguido el doblete. El Puigcerdà es el deporte en la Cerdanya que más volumen de gente mueve.
Tenemos muchos socios, patrocinadores, pequeños y grandes. Este año, con la final de Copa de la Reina, hubo un ambientazo brutal. Y ver cómo la gente ahora da un poco más de ayuda al deporte femenino es de agradecer.
Desde fuera se habla mucho del crecimiento del hockey femenino, pero quienes estáis dentro conocéis las dificultades. ¿Cuál consideras que es actualmente el principal obstáculo para que el hockey femenino español siga creciendo?

Siguen habiendo obstáculos. Este año, por ejemplo, ninguna cadena ha retransmitido los partidos de fútbol femenino, ni DAZN ni Movistar, y es una pena. Aún siguen poniendo palos en las ruedas al deporte femenino, y más al hockey. Yo este año tengo que gestionar muy bien las horas porque no hay. Prácticamente entrenamos tres días a la semana, uno físico y dos de hielo, y solo un día con todas las chicas al completo.
Estamos intentando valorar la posibilidad de encontrar un día más para que puedan bajar las chicas de Andorra y hacer un día más de hielo con toda la pista completa. A nivel de club intento que esto cambie, pero siempre es difícil. Aún queda mucha piedra que picar, cada vez menos, pero es una lucha constante y hay que seguir trabajando sin bajar los brazos para que esto pueda crecer.
¿Crees que el hockey femenino necesita simplemente más jugadoras y equipos o que también estamos ante un cambio cultural que exige modificar la manera de formar, competir y acompañar a las deportistas?
El hockey español está creciendo. Las jugadoras extranjeras ayudan mucho a subir el nivel y también a formar a las crías, porque vienen, se forman como entrenadoras y ayudan a las niñas en la base. Y el nivel está subiendo: ahora vienen generaciones de chicas muy potentes, con una calidad brutal.
Además, el patinaje es muy compatible con el hockey línea: se pueden compaginar las dos modalidades. Hay una generación ahora —2011, 2012, 2013— que es muy buena, está subiendo un perfil de jugadoras que están jugando en U15, en U18, y se está haciendo visible. Son pequeños brotes que están dando este deporte, y si se sigue potenciando y dando oportunidades a las chicas, sobre todo en U15 y U18, yo creo que van a crecer y van a subir el nivel. Es importante que todos los clubes nos impliquemos un poco más, incluido el Puigcerdà, para que den oportunidades a estas generaciones que vienen detrás.
Para terminar, ¿qué mensaje te gustaría trasladar a las jugadoras, a las familias y a toda la gente de Puigcerdà que va a acompañar al equipo durante esta temporada?
Este año hemos de intentar conseguir otra vez el título de Liga. El buen sabor de boca que nos quedó al final de temporada mereció la pena todo el desgaste. Fue emocionante, tanto las semifinales como la final y la Copa de la Reina. Eso no tiene precio, el ambientazo que hubo, que lo puedan palpar.
Y el mensaje es: continuamos pa’lante, que esto es un tren que no se tiene que parar. Que se pongan bien los cinturones, porque este año promete mucho. Ya partimos con un equipo muy joven para trabajar, hay mucha gente joven que viene detrás, y será un poco lo queremos: que estas chicas se vayan formando y den todo por este club. Y al final, como se suele decir, las instituciones y la afición son un apoyo vital para que las chicas puedan tirar adelante.
Que se abrochen los cinturones, porque vienen curvas y será una temporada bonita, y sin ellos no lo podemos conseguir.

