Hockey sobre hielo

«Disciplina, sacrificio, humildad y respeto» el legado que Salva Barnola y Daniel Hilario dejan en el senior del Club Gel Puigcerdà (+ Puck Ràdio 244)

Hay despedidas que no suenan a adiós, sino a legado. La de Salva Barnola y Daniel Hilario como entrenadores del equipo senior masculino del Club Gel Puigcerdà pertenece claramente a esa categoría.

Tras una década al frente del banquillo amarillo y negro —y toda una vida ligada al hockey hielo— ambos han decidido poner punto final a su etapa como responsables del primer equipo. No se van del club, ni mucho menos del hockey, pero sí dejan atrás una responsabilidad que durante años ha sido absoluta: “24 horas al día, 7 días a la semana”, como ellos mismos explicaban en su emotiva entrevista de despedida en Puck Ràdio 2.0

La noticia no llega como consecuencia de la eliminación en playoff ni como una reacción impulsiva al final de temporada. La decisión estaba tomada desde hacía meses. De hecho, ambos la comunicaron oficialmente a la junta directiva en noviembre-diciembre, con tiempo suficiente para planificar el relevo y evitar una salida precipitada.

Del hielo de niños a una vida entera en amarillo y negro

La historia de Barnola e Hilario con el Puigcerdà empieza mucho antes de la pizarra y el banquillo. Empieza en la infancia, corriendo desde el colegio hasta la pista de hielo, buscando llegar los primeros para subir en los coches que les llevaban a entrenar. Más de 30 años —“incluso 40”, decía la introducción radiofónica— de una vida construida alrededor del hockey hielo.

Han sido jugadores en todas las categorías, referentes dentro del vestuario, entrenadores, formadores y también parte esencial de la identidad competitiva del club. “Son 28 años de jugador y 10 de entrenador”, resumía Barnola en antena ante los micros del programa dirigido por Joan Ramón Vidal.

En ese recorrido hay viajes interminables, autobuses, «Barnoleta«, amistades por toda España, bodas compartidas con medio hockey nacional y una filosofía muy clara: esfuerzo, constancia, disciplina y humildad. Valores que no solo han defendido, sino que han implantado como sello de identidad del Puigcerdà moderno.

Diez años reconstruyendo un proyecto

Cuando asumieron el senior, el contexto no era sencillo. El propio Barnola recordaba que el equipo estaba “en el pozo”. Hubo que reconstruir prácticamente desde cero: llamar a exjugadores para completar plantilla, jugadores pagándose fichas, peticiones a la federación para conseguir material y viajes en condiciones muy precarias.

“Estábamos en el pozo y para llegar arriba tienes que saber dónde estás”, explicaba. Sus cuatro pilares fueron claros desde el principio: sacrificio, disciplina, humildad y memoria de origen.

Ese trabajo no fue inmediato. Los dos primeros años fueron especialmente duros, pero sirvieron para construir una base sólida. El objetivo no era solo competir, sino transformar la cultura deportiva del equipo.

Y lo consiguieron.

El Club Gel Puigcerdà pasó de ser un equipo irregular y con dificultades para asentarse en playoffs a convertirse en un rival estructurado, competitivo y respetado en toda la liga. Esta última temporada ha terminado como campeón de la Liga Ibérica regular, con 14 partidos disputados, 12 victorias, solo 2 derrotas, 117 goles a favor y apenas 27 en contra, además de una notable reducción en los minutos de penalización: 182, una cifra muy inferior a la de años anteriores.

Más que títulos: cambiar la forma de competir

En hockey, como en casi todos los deportes, el juicio rápido suele llegar a través de los títulos. Pero reducir la década de Barnola e Hilario a una simple suma de trofeos sería quedarse muy corto.

Su gran éxito fue transformar el comportamiento competitivo del equipo. La disciplina pasó a ser una norma no negociable. La gestión del vestuario —con jugadores de 16 a casi 40 años— fue uno de los grandes desafíos, obligando a adaptar liderazgo, exigencia y pedagogía de forma constante.

“Siempre priorizamos el equipo y el escudo”, explicaba Dani Hilario. A veces incluso por encima de criterios personales. Porque entrenar no era solo preparar partidos, sino sostener un proyecto humano completo.

Su trabajo también ayudó a consolidar el puente entre cantera y senior, permitiendo que generaciones sub-18 y sub-20 encontraran un camino real hacia el primer equipo, algo clave para la sostenibilidad del club.

La decisión de parar

No ha sido una retirada emocional, sino una decisión madura. Ambos coinciden en que necesitaban aire.

“No desconectas nunca”, explicaba Hilario. El análisis de temporada, las conversaciones individuales con jugadores, la planificación de fichajes, los contactos con agentes y la preparación de la siguiente campaña comenzaban prácticamente al terminar la anterior.

La temporada de hockey no dura nueve meses: dura 365 días.

Por eso, después de diez años, el desgaste era evidente. La intención ahora es alejarse de esa presión diaria, sin romper el vínculo con el club.

“No marchamos lejos, marchamos cerca”, resumió Barnola. Ambos seguirán vinculados al Puigcerdà, colaborando donde haga falta, pero sin asumir el liderazgo directo de ninguna categoría la próxima temporada.

Un legado que continúa

La despedida en el programa de Radio Puigcerdà fue, sobre todo, un homenaje. Compañeros, periodistas, colaboradores y gente del club coincidieron en una misma idea: el legado que dejan tiene buena pinta y continuará.

Porque no solo dejan resultados. Dejan una estructura, una cultura competitiva y una forma de entender el hockey que ha vuelto a hacer del Puigcerdà una referencia nacional.

Quizá por eso la sensación no es de cierre definitivo, sino de pausa.

Ni Salva Barnola ni Daniel Hilario saben estar lejos del hockey. Y seguramente el hockey tampoco sabrá estar mucho tiempo lejos de ellos.

El banquillo cambia de manos, pero el amarillo y negro sigue teniendo su firma.

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