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La NCAA, el principal campeonato universitario de Estados Unidos, estudia introducir el body checking (control corporal mediante cargas) en el hockey femenino. La noticia ha reabierto un debate que lleva años sobre la mesa al otro lado del Atlántico: ¿debe el hockey femenino evolucionar hacia unas reglas más parecidas a las del masculino?
El argumento principal de quienes apoyan el cambio es claro: las jugadoras que dan el salto al hockey profesional llegan con una importante desventaja competitiva al no haber desarrollado determinadas herramientas físicas y tácticas durante su etapa formativa.
Pero esta discusión no debería quedarse únicamente en Norteamérica. En España también existe un debate que, quizá, nunca se ha planteado con suficiente profundidad.
Una diferencia reglamentaria que condiciona el juego
Actualmente, el hockey hielo femenino senior español prohíbe las cargas, mientras que el hockey masculino sí las permite dentro de los límites establecidos por el reglamento IIHF.
Esto provoca que el desarrollo del juego sea diferente desde categorías superiores: cambia la forma de proteger el disco, de entrar en la zona ofensiva, de defender un uno contra uno o incluso la manera de utilizar el cuerpo en los duelos.
No se trata únicamente de un aspecto físico. Las cargas forman parte del componente táctico del hockey y modifican la toma de decisiones de todos los jugadores sobre el hielo.
La paradoja de la categoría Sub-18
Existe, sin embargo, una situación que invita a la reflexión.
En la categoría Sub-18 española, donde compiten chicos y chicas de forma mixta, las reglas son prácticamente las mismas que en el hockey masculino senior, incluyendo la posibilidad de realizar cargas legales.
Esto significa que una jugadora de 17 años puede disputar un partido permitiéndose el contacto corporal reglamentario y, a veces en el mismo fin de semana, jugando con la categoría (superior) senior femenina, encontrarse con que esa misma acción no la tiene permitida.
Paradójicamente, la transición deportiva a una categoría superior supone perder una herramienta del juego en lugar de adquirir nuevas.
¿Igualdad deportiva?
Uno de los argumentos más repetidos a favor de permitir las cargas es precisamente el de la igualdad.
Si el hockey masculino y femenino aspiran a ofrecer el mismo deporte, con las mismas exigencias técnicas y tácticas, ¿deberían jugarse con reglas distintas?
La propia NCAA estudia el cambio porque considera que la distancia entre el hockey universitario y las competiciones profesionales está siendo cada vez mayor.
En ligas como la PWHL (o en los mundiales IIHF) ya existe un contacto físico mucho más intenso que el que tradicionalmente se ha visto en el hockey femenino universitario, aunque las cargas abiertas siguen estando limitadas. El contacto intencional se permite en ligas como PWHL, SDHL, PostFinance WL, EWHL y niveles de desarrollo en Suecia o Canadá (Female Super League).
La cuestión es si mantener reglas diferentes ayuda realmente al desarrollo de las jugadoras o si, por el contrario, las coloca en desventaja cuando llegan a competiciones de mayor nivel.
La realidad española también es diferente
Sin embargo, España presenta una particularidad que hace que el debate sea mucho más complejo.
Mientras que en la Liga Nacional masculina el rango de edades suele concentrarse en jugadores físicamente maduros (edades superiores de incorporación a la categoría y en un rango de permanencia más limitado), la Liga Iberdrola reúne con frecuencia a jugadoras muy jóvenes —algunas de apenas 16 años— compartiendo hielo con veteranas que superan ampliamente los 40 años e incluso, en algunos casos, los 50.
Esa enorme diferencia de edad implica también diferencias evidentes de desarrollo físico, experiencia y capacidad de asumir impactos.
Quienes defienden mantener la prohibición consideran que introducir las cargas en este contexto podría incrementar el riesgo de lesiones y dificultar todavía más la participación de las jugadoras más jóvenes.
No es un argumento menor.
¿Qué dice la IIHF?
La postura de la IIHF ha sido, hasta la fecha, mantener la prohibición de las cargas en el hockey femenino. El reglamento distingue claramente entre el body contact, permitido cuando forma parte de una acción natural para disputar el disco o ganar posición, y el body checking, entendido como una carga intencionada para desplazar o derribar a la rival, que continúa sancionándose.
La Federación Internacional defiende que esta diferenciación preserva la esencia y la seguridad del juego femenino, aunque también reconoce la creciente evolución física y competitiva de las jugadoras.
¿Cambiar las reglas o cambiar la estructura?
Quizá la pregunta no sea únicamente si deben permitirse las cargas.
Tal vez el verdadero debate sea si el hockey femenino español dispone hoy de una estructura competitiva que permita introducir ese cambio con garantías.
En países donde este debate también existe, las ligas cuentan con una mayor profundidad competitiva, más equipos y categorías mejor definidas por edad y nivel.
España continúa creciendo, pero todavía conviven en una misma competición perfiles muy diferentes, algo que obliga a valorar cualquier modificación reglamentaria con especial prudencia.
Adicionalmente, las jugadoras de la selección española (especialmente en la reciente edición de Puigcerdà disputada en el nivel IB), señalan a menudo la diferencia que encuentran con las jugadoras de otras selecciones que disputan ligas más acostumbradas al contacto físico.
Un debate que probablemente acabará llegando
La decisión que adopte la NCAA puede marcar un antes y un después en la evolución del hockey femenino internacional.
Si finalmente uno de los campeonatos más importantes del mundo apuesta por introducir las cargas, es muy probable que otras competiciones comiencen a replantearse sus propios reglamentos.
España (con tres jugadoras que han pasado ya por esa categoría) no será una excepción.
Porque, más allá de la igualdad o de la tradición, la cuestión de fondo sigue siendo la misma:
¿Debe el hockey femenino español seguir siendo un deporte diferente al masculino en uno de los aspectos que más condicionan la forma de jugar?
La respuesta no parece sencilla. Y quizá esté llegando el momento de empezar a debatirla con seriedad.
