Imagenes: sports.ru
La elección de Franz Reindl como nuevo presidente de la Federación Internacional de Hockey Hielo (IIHF) no solo supone un relevo en la dirección del organismo. El Congreso celebrado en Tenerife ha dejado también un Consejo con una composición diferente, en el que varias federaciones alejadas de las grandes potencias tradicionales han ganado peso.
Franz Reindl llega a la presidencia con un programa que apuesta por reforzar la relación con la NHL, desarrollar nuevos formatos y dar mayor protagonismo a los países pequeños. El nuevo Consejo refleja ya ese cambio de equilibrio. ¿Puede ser una oportunidad también para el hockey español?
Reindl se impuso a Petr Briza en una segunda ronda extremadamente ajustada: 60 votos frente a 57. Antes, en la primera votación, había quedado segundo con 36 votos, por detrás de los 48 de Briza y por delante de los 33 de Aivaz Omorkanov, candidato de Kirguistán.
El resultado es significativo por otro motivo. La IIHF cuenta actualmente con 84 asociaciones nacionales, de las que 61 son miembros de pleno derecho y, por tanto, tienen derecho a voto en el Congreso.
Y el nuevo Consejo parece reflejar mejor esa diversidad.
Más espacio para los países pequeños
El Consejo 2026-2030 está formado por 15 miembros. Junto a Reindl y figuras procedentes de federaciones tradicionalmente fuertes, han entrado representantes de Corea del Sur, Turquía, Nueva Zelanda, Bulgaria y Bielorrusia, mientras que Aivaz Omorkanov continúa representando a Kirguistán.
Para algunos análisis internacionales, el cambio es especialmente llamativo porque países como Canadá, Suiza o Rusia no cuentan ahora con representación en el Consejo, algo muy poco habitual en la historia reciente del organismo.
No significa que las grandes potencias hayan dejado de tener influencia. Sería ingenuo pensar algo así.
Pero sí puede significar que la composición del máximo órgano ejecutivo de la IIHF comienza a parecerse un poco más a la realidad completa de su federación: un deporte que no se juega únicamente en Canadá, Estados Unidos, Suecia, Finlandia, Chequia, Suiza o Alemania.
También se juega en Nueva Zelanda. En Bulgaria. En Kirguistán. En Turquía. En España.
Y en otros muchos lugares donde mantener una pista de hielo abierta puede ser un desafío mucho mayor que llenar un estadio durante un Campeonato del Mundo.

«El presidente no es un autócrata, es el capitán»
Ese cambio conecta directamente con el programa electoral de Reindl.
El alemán, que ya había formado parte del Consejo durante el periodo 2021-2026, llegó a las elecciones con un manifiesto cuyo lema resumía su concepción de la presidencia: el presidente no debe ser un autócrata, sino el capitán de un equipo.
Su propuesta plantea una IIHF basada en una mayor cooperación entre federaciones nacionales, ligas, clubes, jugadores, Comité Olímpico Internacional, NHL y NHLPA.
La relación con la NHL ocupa un espacio especialmente importante.
Reindl quiere avanzar en las conversaciones para las próximas grandes competiciones internacionales y convertir el hockey de selecciones en un producto de mayor atractivo comercial, con especial atención a los grandes jugadores profesionales.
No es una ruptura con la estrategia anterior.
De hecho, parte del trabajo ya realizado por Luc Tardif iba precisamente en esa dirección: durante su mandato la IIHF consiguió el regreso de los jugadores de la NHL a los Juegos Olímpicos de Milán-Cortina 2026 y trabajó para garantizar su participación futura. Tardif también convirtió el desarrollo mundial del hockey y el hockey 3×3 en elementos importantes de su estrategia.
La diferencia puede estar en dónde poner el siguiente foco de crecimiento.
El hockey 3×3 como puerta de entrada
Uno de los elementos que Reindl quiere potenciar es el hockey 3×3.
La lógica es sencilla: no todos los países pueden permitirse construir y mantener grandes complejos de hielo.
Un formato reducido puede necesitar menos espacio, menos jugadores y, potencialmente, menores costes de organización.
La IIHF ya está experimentando con nuevos formatos y proyectos de hockey 3×3 en espacios urbanos. Uno de ellos, plantea precisamente llevar partidos de 3×3 a entornos urbanos combinando deporte, música, cultura y comunidad. Para una potencia como Canadá puede ser una modalidad complementaria, pero para un país con pocas pistas puede convertirse en algo mucho más importante: una puerta de entrada al hockey. Y esa diferencia es fundamental.
Porque el objetivo de desarrollar el hockey internacionalmente no puede consistir únicamente en conseguir que las grandes selecciones sean cada vez mejores. También tiene que consistir en conseguir que haya más personas jugando al hockey.
No basta con enviar dinero
Aquí aparece uno de los debates más interesantes alrededor del programa de Reindl.
Una parte del análisis publicado estos días en Rusia sobre las elecciones de la IIHF pone el foco precisamente en los denominados «países pequeños» y plantea una cuestión que también debería ser discutida en España: el problema no siempre es únicamente la falta de dinero.
También existe un problema de gestión. De capacidad organizativa. De formación de técnicos. De instalaciones. De estructuras de base.
Y, en ocasiones, de la capacidad de las propias federaciones para transformar los recursos disponibles en crecimiento deportivo.
La IIHF lleva años trabajando en esta dirección. Durante el mandato de Tardif creó un departamento específico de desarrollo y puso en marcha programas internacionales relacionados con entrenadores, liderazgo y hockey juvenil. Actualmente cuenta con 84 asociaciones nacionales y un departamento de desarrollo dedicado específicamente a estas tareas.
Pero la pregunta que plantea el nuevo escenario es si eso es suficiente.
¿Y si el desarrollo no pasa siempre por las federaciones?
El debate resulta especialmente interesante cuando se observa lo que está ocurriendo en algunos países pequeños.
Nueva Zelanda puede servir como ejemplo.
Andy Mills, nuevo miembro del Consejo de la IIHF, es el primer neozelandés en alcanzar ese puesto. Su federación cuenta con unos 3.000 jugadores registrados, una cifra diminuta comparada con las grandes potencias. Pero también presenta crecimiento.
Desde 2019, la afiliación registrada ha aumentado un 53% y el número de jugadoras se ha más que duplicado. Mills, además, ha impulsado programas de desarrollo de entrenadores y una colaboración con USA Hockey para llevar técnicos estadounidenses a los campamentos juveniles neozelandeses.
Es decir, el desarrollo no aparece de la nada. Hay personas. Hay proyectos. Hay trabajo.
Y, cuando ese trabajo encuentra recursos y conexiones internacionales, puede producir resultados.
Argentina ofrece otro ejemplo distinto. La propia IIHF explicaba en 2025 que el país apenas contaba con unos 1.000 jugadores de hockey hielo, concentrados principalmente en Buenos Aires y Ushuaia, pero destacaba el trabajo realizado durante décadas por personas que han decidido mantener y desarrollar el deporte en condiciones muy alejadas de las de las grandes potencias.
El patrón se repite.
Los países pequeños no necesitan necesariamente que alguien venga a decirles cómo jugar al hockey.
Muchas veces necesitan que alguien les ayude a que lo que ya están haciendo pueda crecer.
El nuevo Consejo cambia el mapa
El resultado de Tenerife convierte este debate en algo más que una declaración programática. El nuevo Consejo incorpora por primera vez representantes de varios países que nunca habían tenido presencia en ese nivel.
La IIHF destaca oficialmente como nuevas incorporaciones a Susie Jo (Corea del Sur), Mike Trimboli (Estados Unidos), Igor Nemecek (Eslovaquia), Merve Tunali (Turquía), Andy Mills (Nueva Zelanda), Stoian Batchvarov (Bulgaria) y Sergey Goncharov (Bielorrusia). Y entre los miembros que continúan aparece también Aivaz Omorkanov, precisamente el candidato presidencial que terminó tercero en la primera ronda y que después logró conservar su puesto en el Consejo.
Es una composición difícil de interpretar como casual. Tres de los nuevos miembros proceden de federaciones con una tradición muy alejada de las grandes potencias europeas y norteamericanas. Y algunos de ellos llegan precisamente desde estructuras vinculadas al desarrollo.
Eso abre una posibilidad interesante: que el Consejo no solo discuta cómo organizar mejor los grandes campeonatos, sino también cómo conseguir que haya más países capaces de organizarlos, competirlos y sostenerlos.
España: una oportunidad sin representante en el Consejo
Para el hockey español existe aquí una paradoja.
España forma parte de esas 84 asociaciones nacionales de la IIHF y compite regularmente en el programa internacional. Sin embargo, el nuevo Consejo no contará con representación española.
Frank González, que había desempeñado durante años diferentes responsabilidades en la estructura internacional, no consiguió entrar en el nuevo órgano. Retiró temprano su candidatura a Presidente, y su candidatura a la vicepresidencia regional no prosperó y en la primera ronda obtuvo cuatro votos, un 3,42%, antes de retirarse de la votación.
No corresponde atribuir automáticamente este resultado a la situación del hockey español. Las elecciones de la IIHF responden a alianzas, trayectorias personales, equilibrios regionales y decisiones de las distintas federaciones nacionales.
Pero el dato sí tiene una consecuencia objetiva: España pierde una voz directa en el Consejo de la IIHF. Y eso sucede precisamente cuando el organismo internacional parece decidido a mirar con más atención hacia los países situados fuera del núcleo tradicional del hockey.
La pregunta que debería hacerse España
Por eso, quizá la cuestión más interesante no sea quién ocupa ahora el Consejo. La pregunta es qué quiere hacer España con el nuevo escenario. Porque el programa de Reindl habla de desarrollo. Habla de nuevas fórmulas. Habla de cooperación. Habla de llegar a nuevos públicos. Habla de países pequeños. Habla de construir hockey desde la base.
Y España tiene argumentos para estar dentro de esa conversación. No porque sea una potencia. Precisamente porque no lo es.
España dispone de una selección masculina consolidada en el contexto de las divisiones inferiores internacionales, una selección femenina con presencia creciente, clubes con décadas de historia, nuevas generaciones de jugadores y una red de instalaciones que, aunque limitada, permite mantener actividad competitiva en distintas partes del territorio.
Pero también arrastra problemas conocidos: pocas pistas, costes elevados, dependencia de instalaciones públicas o municipales, dificultades para ampliar la base de jugadores, problemas de horarios, desplazamientos y una estructura que necesita seguir profesionalizándose.
Ese es precisamente el tipo de realidad que una estrategia global de desarrollo debería ser capaz de abordar.
De la «periferia» al crecimiento
Existe además una idea que merece ser discutida. Durante décadas hemos hablado de «hockey pequeño» o de «países exóticos» como si fueran una categoría secundaria. Pero desde el punto de vista del crecimiento mundial del deporte, quizá haya que darle la vuelta al concepto.
El hockey de élite ya tiene mercados consolidados. Canadá no necesita que la IIHF le explique qué es el hockey. Suecia tampoco. Finlandia tampoco. Suiza tampoco. Alemania tampoco.
Pero hay decenas de países donde cada nueva pista, cada entrenador formado, cada escuela de iniciación y cada torneo juvenil pueden representar una expansión real del deporte.
La IIHF tiene actualmente 84 asociaciones nacionales. Su propio reglamento oficial recuerda que su programa internacional abarca más de 30 torneos y cinco categorías de edad y género. El gran mercado futuro del hockey internacional no tiene por qué estar únicamente en encontrar otro gran país capaz de producir jugadores de NHL.
Puede estar en conseguir que haya 10.000 niños más jugando al hockey en diez países diferentes. O cien nuevas pistas pequeñas. O mil nuevos entrenadores. O nuevas competiciones regionales. O formatos que permitan jugar donde una pista olímpica sería económicamente imposible.
Reindl tendrá que demostrarlo
La elección ya está hecha. Ahora empieza la parte difícil.
Reindl llega al cargo con experiencia como jugador, entrenador, dirigente y responsable de grandes acontecimientos internacionales. Fue jugador de la selección alemana, participó en tres Juegos Olímpicos, dirigió durante años la Federación Alemana y también estuvo vinculado a la creación y dirección de la DEL.
Pero una cosa es presentar un programa electoral y otra convertirlo en política internacional.
El propio Reindl ha planteado un programa específico para sus primeros 100 días y ha publicado junto a su candidatura un manifiesto, una propuesta política y ese plan de actuación. Ahora tendrá que demostrar si conceptos como «desarrollo», «cooperación» o «crecimiento global» se traducen en algo tangible.
Más entrenadores. Más jugadores. Más pistas. Más competiciones. Más recursos para quienes trabajan desde abajo. Y quizá también más capacidad de decisión para quienes llevan años intentando hacer crecer el hockey lejos de los grandes mercados.
Porque si la IIHF quiere convertirse realmente en una federación mundial, el desafío no consiste únicamente en conseguir que las grandes estrellas vuelvan a los Juegos Olímpicos. El verdadero reto puede estar en conseguir que dentro de diez años haya más gente jugando al hockey en aquellos lugares donde hoy todavía parece un deporte imposible.
Y ahí, para países como España, comienza una conversación mucho más interesante que la elección de un nuevo presidente.
