Cuando el hockey se convierte en la mejor forma de viajar por el mundo. Hablamos con Marcos Moriana de @HockeyPlayersTraveling

Hay quien cuando viaja busca monumentos, restaurantes o los lugares más conocidos de cada ciudad. Marcos Moriana tiene una prioridad diferente: encontrar una pista de hielo. De esa combinación entre dos de sus grandes pasiones, el hockey y los viajes, nació Hockey Players Traveling, una iniciativa que conecta a jugadores de hockey de distintos lugares del mundo y demuestra que, muchas veces, basta con llevar unos patines —o incluso simplemente decir que eres portero— para encontrar una puerta abierta.

HockeyHielo.NET habló con Marcos durante el Fénix Camp 2026, en Anglet, en una conversación a pie de playa en la que repasamos sus experiencias jugando hockey en diferentes países, el crecimiento de su proyecto y su visión sobre el hockey español.

Todo empezó buscando pistas de hielo

La idea de Hockey Players Traveling surgió de una manera bastante natural. Marcos ya compartía con la organizadora del campus, Arrate Enes, dos grandes pasiones: el hockey y viajar.

«Viajo cada año si puedo, dos o tres veces al año», explica. Y a partir de ahí comenzó una costumbre que hoy forma parte de cada viaje: investigar si en el destino existe una pista de hielo y, sobre todo, si hay algún equipo de hockey.

La primera experiencia fue en China, durante un recorrido en tren entre Pekín y Shanghái. En cada ciudad buscaban pistas de hielo y trataban de contactar con quienes organizaban entrenamientos o actividades.

El idioma, en cambio, no resultó ser una barrera tan grande como podría parecer.

«Las palabras son las típicas, son las mismas», cuenta entre risas. Stick, puck, goalie… y poco más hace falta para que dos jugadores de hockey se entiendan.

Pero China fue solo el principio.

Un portero siempre tiene las puertas abiertas

Hay una característica de Marcos que ha resultado especialmente útil durante sus viajes: es portero.

Y en hockey, un portero disponible es prácticamente una invitación.

Una de sus experiencias más curiosas tuvo lugar en Los Ángeles. Mientras paseaba escuchó el sonido inconfundible del stick golpeando el puck. Se acercó y descubrió que un grupo de personas estaba jugando hockey en la calle.

Se quedó mirando y, como suele ocurrir en estos casos, comenzaron las conversaciones.

Cuando explicó que jugaba hockey en Barcelona y que era portero, la reacción fue inmediata: aparecieron equipaciones y material para que pudiera ponerse a jugar con ellos.

«Te dejan lo que tengan ellos», explica. El hecho de ser portero facilita enormemente integrarse en grupos que necesitan completar equipos.

Y esa situación se ha repetido en distintos lugares del mundo.

De Suiza a Malasia: hockey allí donde menos lo esperas

En Suiza, por ejemplo, Marcos estaba patinando en una sesión libre cuando vio llegar a un equipo con sus bolsas de hockey. Preguntó y descubrió que entrenaban regularmente allí.

La conversación volvió a seguir el mismo patrón: ¿juegas hockey? Sí. ¿De qué? Portero.

La siguiente pregunta fue inevitable: «¿Te quieres quedar a entrenar con nosotros?».

Y así terminó participando en el entrenamiento de un grupo que recuerda especialmente por el buen ambiente.

Otra experiencia muy diferente ocurrió en Malasia. Durante un viaje de ocho meses por el sudeste asiático, Marcos fue encontrando hockey allá donde era posible.

En este caso se trataba de hockey línea. Se acercó a ver el entrenamiento y, al descubrir que era portero, los jugadores buscaron material para que pudiera participar.

El equipo era antiguo, los patines incluso le quedaban pequeños y la equipación no era precisamente la ideal. Pero el objetivo era otro: jugar.

La experiencia llegó incluso a abrirle la puerta a un torneo internacional. El grupo tenía previsto participar en un torneo amateur de hockey hielo en Tailandia y le invitaron a acompañarlos. Finalmente, las fechas de su viaje no coincidieron, pero la invitación dice mucho del espíritu que Marcos ha encontrado en sus viajes.

«La gente es súper amable», resume.

Nueva York y Japón, dos destinos especiales

Entre todos sus viajes hay dos destinos que ocupan un lugar especial: Nueva York y Japón.

Marcos reconoce haber viajado alrededor de diez veces a Nueva York y otras tantas a Japón. En el caso estadounidense, además de disfrutar de la ciudad, ha aprovechado para asistir a partidos de la NHL.

También ha descubierto las posibilidades que ofrecen algunas pistas para el público general. En una de ellas, cuenta, existe la posibilidad de acceder gratuitamente a determinadas sesiones si llevas tus propios patines.

Japón, por su parte, le ha permitido combinar turismo y hockey en ciudades como Tokio, Kioto u Osaka, buscando pistas allí donde se encontraba.

Esa es precisamente una de las ideas que definen Hockey Players Traveling: no hace falta que el viaje tenga el hockey como objetivo principal. Basta con que exista la curiosidad de comprobar qué está haciendo la comunidad local.

Una red internacional que también puede traer jugadores a España

El proyecto empezó de una forma muy sencilla. Marcos y sus compañeros viajaban con ropa de hockey y se hacían fotografías en los lugares que visitaban: desde las pirámides de Egipto hasta Angkor Wat, en Camboya, pasando por otros destinos del sudeste asiático.

Con el tiempo, la iniciativa fue creciendo y más jugadores y amigos comenzaron a participar.

Hoy Hockey Players Traveling quiere ser también un punto de conexión entre jugadores de diferentes países.

Marcos reconoce que todavía no han recibido jugadores extranjeros que hayan viajado expresamente a Barcelona para jugar con ellos, pero ya dispone de contactos internacionales interesados en hacerlo.

Y ahí aparece una posibilidad especialmente interesante: torneos como la Fénix Cup.

«Tengo contactos casi en todo el mundo de gente que quiere», explica.

La idea de que un jugador que está viajando por España pueda contactar con otros jugadores locales, entrenar o incluso participar en alguna actividad resume perfectamente el espíritu del proyecto.

El regreso del hockey a Barcelona

La conversación también sirvió para conocer los planes del grupo de hockey amateur Ice Barna al que pertenece Marcos.

La reciente apertura de la nueva pista del Barça ha permitido recuperar posibilidades de entrenamiento. El grupo ha conseguido disponer de los domingos y está trabajando en la creación de un sistema de mensualidad que permita a los jugadores tener asegurada su plaza.

La demanda, según explica, es considerable.

Hay muchas personas que quieren volver a entrenar y la lista de espera puede alcanzar las 70 u 80 personas.

El siguiente paso podría ser todavía más ambicioso: crear un club, asociación o estructura que permita agrupar a todos esos jugadores y facilitar la organización de actividades y torneos.

Mientras tanto, el grupo continúa participando en todos los torneos hobby y de veteranos a los que puede acudir o para los que recibe invitaciones.

«Para la poca gente que hay, el nivel del hockey español es bastante alto»

Después de haber compartido hielo con jugadores de diferentes países, Marcos tiene también una visión interesante sobre el hockey español.

Su valoración es positiva.

«Por la poca gente que hay tiene un nivel bastante alto», afirma cuando habla de la competición española.

Pero es en el hockey amateur donde encuentra uno de los grandes potenciales de crecimiento.

España sigue siendo un país donde el hockey sobre hielo es relativamente desconocido, y precisamente por eso considera especialmente significativo que exista tanta gente interesada.

El ejemplo de Barcelona es muy claro: una lista de espera de decenas de personas para poder entrenar demuestra que existe una demanda que las instalaciones actuales no siempre pueden absorber.

Y Marcos lanza una pregunta que resulta difícil de evitar: si existen pistas de hockey en países donde aparentemente el deporte tiene todavía menos tradición, ¿por qué no puede haber más pistas en España?

Menciona incluso casos como Tailandia o Vietnam, donde ha encontrado instalaciones y grupos de jugadores.

«Yo creo que si hubiese más pistas se apuntarían más o vendría más gente y se podrían organizar muchas más cosas», sostiene.

Barcelona como destino internacional de hockey

La cuestión adquiere todavía más relevancia cuando se tiene en cuenta el carácter turístico de ciudades como Barcelona o Madrid.

Para Marcos, la combinación es evidente: muchos de los visitantes internacionales que llegan a Barcelona ya conocen el hockey y, si existiera una oferta más amplia de entrenamientos, torneos y actividades, podrían convertirse también en visitantes vinculados al deporte.

El hockey amateur puede ser una vía para generar comunidad más allá de las fronteras.

Un jugador canadiense, estadounidense, suizo, francés o de cualquier otro país puede viajar a Barcelona y, además de visitar la ciudad, encontrar un grupo con el que entrenar o disputar un partido.

Y al revés: un jugador español que viaje al extranjero puede utilizar esa misma red para encontrar dónde jugar.

El espíritu de Hockey Players Traveling

Más allá de las fotografías y de Instagram, Hockey Players Traveling funciona como una especie de red informal entre jugadores.

La filosofía es sencilla: si alguien viaja a otro país y quiere jugar, puede intentar contactar con jugadores locales. Y si alguien que vive fuera quiere jugar en Barcelona o en cualquier otra parte de España, puede ponerse en contacto con el grupo.

«Encantados de jugar», resume Marcos.

Es una forma de entender el hockey que va mucho más allá de la competición. El deporte se convierte en una herramienta para conocer personas, descubrir lugares y crear vínculos que probablemente no existirían de otra manera.

Un campus, una pista y el mar

La entrevista se realizó durante el último día del Fénix Camp 2026 en Anglet. Y el propio campus sirve como ejemplo de esa misma filosofía.

Para Marcos, lo más destacado del campus, además del hockey, ha sido la comunidad creada entre los participantes. Hay jugadores que repiten y otros que llegan por primera vez, pero el ambiente común permite que todos terminen compartiendo entrenamientos, comidas y actividades.

También recuerda especialmente la actividad de karting y el momento del eclipse que coincidió con el campus, precisamente mientras el sol desaparecía en el horizonte.

Y, por supuesto, el escenario.

Tres horas diarias de hockey, preparación física, alojamiento junto a la pista y la playa prácticamente al lado resumen una experiencia que, para alguien que combina hockey y viajes, resulta difícil de mejorar.

«Que se animen»

Marcos termina lanzando una invitación a quienes todavía no conocen el hockey.

No hace falta ser jugador experimentado. Basta con saber patinar y tener ganas de probar. Y para quienes ya juegan, la propuesta es todavía más sencilla: llevar el hockey también cuando viajan.

Porque quizá la próxima vez que alguien escuche el sonido de un puck contra un stick mientras pasea por una ciudad desconocida, en lugar de seguir caminando decida acercarse.

Y puede que, como le ha ocurrido a Marcos Moriana en China, Estados Unidos, Suiza o Malasia, termine poniéndose una equipación prestada, entrando en el hielo y descubriendo que, aunque estés a miles de kilómetros de casa, el hockey siempre tiene una forma de hacerte sentir parte del equipo.

Hockey Players Traveling nació precisamente de eso: de viajar con el hockey en la mochila y descubrir que, alrededor de una pista, las fronteras se hacen mucho más pequeñas.

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