El jugador estadounidense, que pasó por la NCAA, AHL y ECHL, encontró en España una oportunidad para cumplir un sueño pendiente y, posteriormente, convirtió su vínculo con el hockey latinoamericano en una auténtica misión personal. Puerto Rico, Perú, Ushuaia y su paso por Logroño forman parte de una trayectoria que hoy combina competición, emprendimiento y desarrollo del hockey en mercados alejados de los grandes focos.
Hay jugadores que construyen su carrera alrededor de los grandes escenarios. Y hay otros que, después de haberlos conocido, encuentran precisamente en los lugares donde el hockey todavía está creciendo una nueva razón para seguir vinculados al deporte.

Rob LaLonde pertenece claramente al segundo grupo.
Defensa estadounidense formado en Merrimack College y con experiencia en la AHL y la ECHL, Lalonde desarrolló buena parte de su carrera en Norteamérica. Sin embargo, cuando parecía que su etapa competitiva había terminado, una conversación durante un podcast le abrió una puerta inesperada: España.
Su llegada al Milenio Panthers de Logroño le permitió cumplir un sueño que había quedado pendiente durante años: jugar en Europa. Pero su experiencia española acabaría siendo mucho más que una aventura deportiva.
Después llegaron Puerto Rico, la LATAM Cup, Perú, los All-Pacas y la Copa Fin del Mundo de Ushuaia. Paralelamente, Lalonde ha continuado desarrollando Buttendz, la empresa de equipamiento de hockey que cofundó a partir de una necesidad que él mismo experimentó como jugador.
Hoy entiende el hockey de una manera mucho más amplia que cuando comenzó su carrera.
““El hockey me ha enseñado que, no importa de dónde vengas, tienes derecho a tener un sueño relacionado con el hockey.””
España: un sueño pendiente
Rob, después de pasar prácticamente toda tu carrera como jugador en Norteamérica, mucha gente se sorprendió al verte incorporarte al Milenio Panthers de Logroño. ¿Cómo surgió aquella oportunidad?
No tenía previsto volver a jugar hockey competitivo. Seguía vinculado al deporte a través de Buttendz, eventos promocionales, torneos y colaboraciones, y siempre estaba buscando oportunidades interesantes relacionadas con el hockey por todo el mundo.
Había estado colaborando con Travis Ridgen, el portero y creador de contenido en YouTube. Durante un podcast comentó que iba a jugar profesionalmente en España. Se me encendió una luz. Pensé: si Travis va a España, quizá yo también tenga una oportunidad. Me explicó cómo era el calendario y la experiencia, y la idea de vivir en España me intrigó inmediatamente. Yo ya estaba viviendo en Puerto Rico, aprendiendo español y cada vez estaba más interesado en el hockey de Latinoamérica y de otras comunidades donde el deporte estaba desarrollándose.
Además, jugar en Europa era algo que siempre había querido hacer. Cuando era más joven tuve oportunidades de jugar allí, pero las lesiones y la vida me llevaron en otra dirección. España me dio la posibilidad de cumplir finalmente ese sueño mientras continuaba promocionando Buttendz y contribuyendo al hockey en otra parte del mundo.
Di el paso, el equipo estaba encantado de contar conmigo y decidí aprovechar la oportunidad.
Antes de llegar, ¿qué conocías del hockey español? ¿Qué fue lo que más te sorprendió, dentro o fuera del hielo?
Prácticamente no sabía nada sobre el hockey español antes de llegar. Lo que más me sorprendió fue descubrir que existen comunidades de hockey auténticas por todo el país. Puede que el deporte no reciba la misma atención que en los países tradicionalmente vinculados al hockey, pero las personas que forman parte de él están profundamente comprometidas.
Vivirlo desde dentro hizo que la experiencia fuera todavía más significativa. Llevaba la camiseta, vivía en Logroño, jugaba junto a compañeros españoles y experimentaba la cultura local en lugar de limitarme a visitarla.
Esa es una de las cosas bonitas del hockey. No importa dónde se juegue: la pista crea su propia comunidad. España me demostró que no necesitas proceder de un país tradicionalmente asociado al hockey para desarrollar una verdadera pasión por este deporte.
¿Qué recuerdos guardas de tu etapa en Logroño? ¿Hay algún partido, compañero o momento que recuerdes especialmente?
Mis recuerdos de Logroño son abrumadoramente positivos. La temporada no fue perfecta. El equipo tuvo dificultades, me lesioné y no pude terminar el año. Pero nada de eso resta importancia a lo que significó la experiencia para mí.
El momento que más recuerdo fue salir al hielo y volver a jugar competitivamente después de catorce años. Estaba orgulloso de cómo jugué y de cómo me sentí. No estaba simplemente participando. Todavía podía contribuir, y demostrármelo a mí mismo fue increíblemente gratificante.
Más allá de los partidos, recuerdo vivir en España, mejorar mi español, establecer relaciones con nuevos compañeros y conocer una cultura de hockey diferente. En muchos sentidos, Logroño me permitió completar un capítulo que pensaba que ya había quedado atrás. Siempre había soñado con jugar en Europa y finalmente pude vivir aquella experiencia.
El potencial del hockey español
Has jugado en entornos muy diferentes a lo largo de tu carrera. Desde tu perspectiva, ¿qué fortalezas tiene el hockey español y qué necesita para seguir creciendo?

La mayor fortaleza del hockey español es la pasión de las personas que han elegido este deporte.
El hockey no forma parte de la cultura deportiva tradicional del país, así que los jugadores, entrenadores, familias y organizadores han tomado la decisión consciente de construir algo. Eso crea una comunidad comprometida y resistente. Para seguir creciendo, el deporte necesita mayor acceso, más jugadores jóvenes, buenos entrenadores y una inversión continuada en instalaciones y desarrollo.
Los jugadores y entrenadores experimentados procedentes de países con una tradición de hockey más consolidada también pueden ayudar cuando llegan a España dispuestos a contribuir, trabajar con los responsables locales y compartir lo que saben. España no necesita imitar completamente a otro país. Puede construir su propia identidad.
Cuantas más oportunidades tengan los jóvenes para conocer el hockey, probarlo, recibir una buena formación e imaginarse a sí mismos como jugadores, más fuerte será su futuro.
“España no necesita imitar completamente a otro país. Puede construir su propia identidad.”
Puerto Rico y el hockey latinoamericano
Representaste a Puerto Rico en la LATAM Cup, donde ganaste la medalla de plata en 2021. ¿Cómo surgió aquella oportunidad y qué significó para ti vestir la camiseta de Puerto Rico? Y, en términos más generales, ¿cómo ves el desarrollo actual del hockey hielo en Latinoamérica?

Primero, debería aclarar que representé a Puerto Rico en la LATAM Cup de 2021, donde ganamos la medalla de plata. No jugué con el equipo que ganó el oro en 2022, aunque algunos registros online me incluyen en él.
La oportunidad comenzó cuando me mudé a Puerto Rico durante la pandemia. Buscaba libertad, buen tiempo y olas, pero, allá donde viajo, siempre busco hockey. Una de las primeras cosas que hago cuando llego a un lugar nuevo es buscar la pista de hielo más cercana y averiguar quién juega allí. Aquella búsqueda me llevó hasta Philip Painter, director de Hockey Puerto Rico y una de las figuras fundamentales en el desarrollo del hockey en la isla. Me habló de la historia del hockey en Puerto Rico, incluida la pista de Aguadilla, que quedó gravemente dañada por el huracán María y nunca volvió a ser restaurada como instalación permanente de hielo. También me presentó a la comunidad de hockey latinoamericana y me habló de los jugadores, programas y pistas de Argentina, Ecuador, Costa Rica, Perú y otros países.
Después de convertirme en residente de Puerto Rico, pude incorporarme al equipo que competía en la LATAM Cup. Vestir aquella camiseta fue una experiencia increíble. Puerto Rico se había convertido en mi hogar y había desarrollado una verdadera conexión con la isla, su cultura y su gente. Volver de mi retiro para representarla significó mucho más que disputar otro torneo.
Aquella experiencia abrió la puerta a una misión personal más amplia. A través de Puerto Rico y de mi amistad con Painter, empecé a viajar por Latinoamérica para conocer comunidades de hockey, patinar con jugadores locales y ayudar a dar visibilidad al deporte.
El desarrollo en la región es desigual porque cada país tiene un acceso diferente al hielo, al equipamiento, a los entrenadores y a la financiación. Pero la pasión es real. Me siento conectado a un movimiento mucho más amplio de personas que están construyendo el hockey en lugares que el mundo tradicional del hockey suele pasar por alto. Apoyar su trabajo y ayudar a contar sus historias se ha convertido en una de las partes más gratificantes de mi vida dentro del hockey.
Hockey más allá de los países tradicionales
Has vivido el hockey en lugares donde todavía está creciendo, desde Puerto Rico hasta Perú. ¿Qué tienen en común esas comunidades emergentes?

Sobre todo, determinación y capacidad para encontrar soluciones. Aman el hockey incluso cuando acceder a él resulta extremadamente difícil.
Las circunstancias no son iguales. Perú tiene hielo y un programa local activo. También he patinado con comunidades de Ecuador, Costa Rica y México. Puerto Rico, desgraciadamente, ya no tiene una pista de hielo permanente, así que los jugadores que viven en la isla no pueden desarrollarse actualmente sobre hielo en su propio territorio.
Estas comunidades construyen con poco tiempo de hielo, poco equipamiento, financiación limitada y poca atención externa, pero siguen encontrando maneras de jugar. Tampoco quieren ser tratadas como una curiosidad. Son jugadores de hockey y viven la misma competición, las mismas amistades y el mismo amor por el deporte que cualquier jugador de otro lugar. Los jugadores y organizadores locales son quienes están haciendo el verdadero trabajo.
Lo que las personas y empresas de los grandes mercados del hockey pueden aportar es una colaboración auténtica, recursos útiles y una atención sostenida que respete lo que ya se está construyendo.
Para mucha gente resulta sorprendente descubrir comunidades de hockey tan apasionadas en países sin una fuerte tradición de deportes de invierno. ¿Qué es lo que más te ha impresionado de los jugadores y personas que has conocido en Latinoamérica?
Lo que más me impresiona es todo lo que están dispuestos a superar simplemente para poder pisar el hielo.
En Perú, por ejemplo, algunos jugadores pueden patinar hasta las once de la noche de un sábado porque ese es el único horario disponible. El equipamiento puede ser difícil y caro de conseguir, así que en ocasiones los jugadores tienen que improvisar con lo que encuentran. A pesar de todos esos obstáculos, aparecen con ganas de jugar. No dan por sentado el tiempo de hielo porque cada oportunidad importa.
Su pasión me ha recordado que el hockey no pertenece únicamente a los países con inviernos fríos o ligas profesionales consolidadas. Pertenece a cualquiera que se enamore de patinar, competir y formar parte de un equipo.
“El hockey no pertenece únicamente a los países con inviernos fríos o ligas profesionales consolidadas.”
All-Pacas Perú y la Copa Fin del Mundo
¿Cómo acabaste formando parte de los All-Pacas de Perú y qué te hizo aceptar una aventura tan particular?

La historia comenzó cuando visité Perú en 2023.
Encontré una pista de hielo en Lima, como intento hacer siempre que viajo, pero no tenía ni idea de que allí existía una comunidad organizada de hockey. Antes de aquel viaje, Philip Painter me había hablado de la Copa Fin del Mundo de Ushuaia, en Argentina.
Se disputa al aire libre en julio, durante el invierno, en el extremo sur de Sudamérica. La combinación de hockey al aire libre, Patagonia y una comunidad local apasionada hizo que el torneo entrara inmediatamente en mi lista de cosas que quería hacer. Contacté con el director del torneo y pregunté si podía existir algún equipo al que pudiera incorporarme. Me dijo que había un equipo de Perú que estaba buscando jugadores.
Mi reacción inmediata fue: “¿Hay un equipo de Perú?”. Me puso en contacto con Jonathan Gómez, uno de los responsables de los All-Pacas de Perú. Jonathan me explicó que estaban formando un equipo para el torneo de 2024 y me invitó a unirme. Dije que sí inmediatamente, pero no quería conocer al equipo en Argentina y limitarme a jugar. Propuse viajar primero a Lima para entrenar con los jugadores, entrenar a algunos niños y formar parte de la comunidad. Y eso es exactamente lo que ocurrió.
Viajé a Perú, patiné con los jugadores, trabajé con los niños y conocí su comunidad antes de viajar con el equipo a Ushuaia. No fue simplemente una invitación para jugar un torneo. Se convirtió en una relación con un equipo, un país y una comunidad de hockey.
Ushuaia: el fin del mundo
¿Cómo fue jugar la Copa Fin del Mundo en Ushuaia? Probablemente sea uno de los torneos de hockey más singulares del planeta.
Se ha convertido en una de las mejores experiencias de mi vida en el hockey.
Nuestro primer viaje, en 2024, fue especialmente memorable porque éramos un equipo nuevo que llevaba Perú en las camisetas y competía juntos por primera vez. Nuestra plantilla reunía jugadores con vínculos con Perú, Rusia, Venezuela, Estados Unidos y Chile. Llegamos desde lugares diferentes, pero durante aquella semana nos convertimos en un equipo.
Jugar al aire libre en julio, rodeados por las montañas de Ushuaia y por la comunidad local junto a la pista, fue algo que nunca había experimentado. Pasamos una semana entera juntos en Argentina, conociendo la ciudad, a su gente y a nuestros compañeros. Competimos en la División B aquel primer año y ganamos el campeonato en una tanda de penaltis. Celebrar aquella medalla de oro con un grupo tan particular fue inolvidable.
Hemos regresado durante tres años consecutivos. Más recientemente ascendimos a la División A y conseguimos la medalla de plata. Ver cómo ha progresado el equipo ha sido increíblemente gratificante, especialmente al comprobar cuánto han mejorado algunos de los jugadores más jóvenes.
Este año también viajamos por Punta Arenas, en Chile, camino de Ushuaia. Patinamos al aire libre, organizamos clinics, entrenamos a jugadores jóvenes y pasamos tiempo con la comunidad local de hockey. Eso hizo que el viaje pareciera todavía más grande que el propio torneo.
Ushuaia es hockey competitivo, pero también es aventura, cultura, amistad y comunidad. No existe ningún otro lugar en el mundo exactamente como este.
Mucho más que ganar
¿Sentías que tu papel allí iba más allá de competir y que también consistía en ayudar a desarrollar el hockey e inspirar a jugadores de países donde está creciendo?
Absolutamente. Sigo disfrutando de competir y siempre quiero ganar, pero mi propósito allí va más allá del resultado de un partido.
El hockey de estas comunidades ya es real. No me necesita para validarlo. Mi papel consiste en presentarme, participar, apoyar a las personas que están haciendo el trabajo y utilizar el alcance de Buttendz para ayudar a que más gente vea lo que están construyendo. A veces el impacto llega a través de un clinic o de una conversación. Otras veces consiste en regalarle a un jugador joven un grip de Buttendz, ayudar con el equipamiento o pasar unos minutos enseñándole algo sobre el hielo.
Un amigo de Costa Rica me dijo una vez que los niños se habían convertido en mejores jugadores porque nosotros fuimos allí, trabajamos con ellos y les hicimos sentirse conectados con el mundo más amplio del hockey. Escuchar aquello fue increíblemente poderoso. Ganar una medalla es especial, pero ayudar a un jugador joven a creer que pertenece a este deporte puede durar mucho más.
Estas experiencias hacen que quiera hacer todavía más por las comunidades de hockey que rara vez reciben este tipo de atención.
«Ganar una medalla es especial, pero ayudar a un jugador joven a creer que pertenece a este deporte puede durar mucho más.”
Una misión que fue creciendo
Da la sensación de que, en esta etapa de tu carrera, ya no solo estás interesado en jugar, sino también en dejar un impacto positivo allí donde el hockey está creciendo. ¿Es algo que has buscado conscientemente?

No era una misión completamente definida cuando empecé, pero se ha convertido absolutamente en una. Siempre me ha gustado viajar, conocer gente y compartir el hockey. Con el tiempo, especialmente después de mudarme a Puerto Rico y de involucrarme más en Latinoamérica, ese propósito se hizo mucho más claro.
El hockey ha dado dirección a mi vida, oportunidades, amistades y un sentido de identidad. Poder compartir aunque solo sea una pequeña parte de eso con jugadores jóvenes es increíblemente satisfactorio. Me encanta ver su entusiasmo, escuchar el agradecimiento de los padres y comprobar cómo una comunidad se activa alrededor del deporte.
También es una experiencia recíproca. Puede que yo llegue con la intención de enseñar o contribuir, pero me marcho inspirado por las personas que conozco. Aprender español, experimentar culturas diferentes y comprobar todo lo que algunos jugadores tienen que superar para poder pisar el hielo ha cambiado mi relación con el hockey. Su pasión me recuerda por qué me enamoré de este deporte.
Sigo siendo competitivo, pero en esta etapa de mi vida, dejar algo positivo detrás se ha convertido en algo tan importante como jugar.
¿Puede crecer el hockey fuera de los grandes mercados?
¿Crees que el futuro crecimiento del hockey hielo depende, en parte, de apoyar estos mercados emergentes junto a los países tradicionalmente vinculados al deporte?
No diría que el futuro del hockey dependa completamente de los mercados emergentes, pero apoyarlos es indiscutiblemente bueno para el deporte. Existe un enorme potencial en Latinoamérica, pero no mido el éxito únicamente por la velocidad a la que crece el deporte o por si llega a convertirse en algo comercialmente relevante. El hockey no necesita convertirse en el deporte más popular de Perú, Ecuador, Argentina o Venezuela para tener valor allí. Si un programa local proporciona a un joven un lugar al que pertenecer, una razón para trabajar o un objetivo que perseguir, eso importa.
El hockey me dio un propósito y creó oportunidades que marcaron mi vida. Si podemos ayudar a que aunque solo sea unos pocos jóvenes tengan ese mismo sentido de dirección, entonces hacer crecer el deporte ya habrá merecido la pena.
Me encantaría ver más pistas, equipamiento, entrenadores y programas organizados por toda la región. Pero crecer no consiste únicamente en las cifras. También consiste en la profundidad del impacto.
A veces, darle a un niño un equipo, un sueño y un lugar sobre el hielo es suficiente para cambiar una vida.
Buttendz: del vestuario al mundo
Mientras todavía jugabas profesionalmente cofundaste Buttendz. ¿Cómo surgió la idea? ¿Nació de un problema que tú mismo experimentabas como jugador?
La idea comenzó cuando jugaba hockey universitario. Era extremadamente meticuloso con mi equipamiento. Los sticks estaban evolucionando rápidamente, pero los jugadores seguíamos envolviendo la parte superior de aquellos palos caros y modernos con cinta convencional.
Odiaba cómo se sentía la cinta. Se volvía pegajosa y sucia, absorbía el sudor, hacía que el stick tuviera peor aspecto y destruía las palmas de mis guantes. Además, mi mano superior a veces giraba alrededor del eje del stick, así que nunca sentía que tuviera el agarre y el control constantes que quería.
Miré alrededor del vestuario y me di cuenta de que todos los jugadores tenían algún tipo de problema similar. Inicialmente quería crear algo mejor para mi propio juego, pero entonces se encendió la luz. Si yo quería ese producto, probablemente otros jugadores también lo querrían, y en aquel momento realmente no existía nada parecido.
Mientras jugaba profesionalmente en las ligas menores, continué desarrollando el concepto y haciendo investigación de mercado de manera informal. Preguntaba a mis compañeros qué les gustaba, qué no y qué querían de un mejor grip. Seguí perfeccionando la idea y soñando con lo que podía llegar a ser.
La empresa no se lanzó oficialmente hasta después de que dejara de jugar, pero la idea nació en el vestuario y permaneció viva durante toda mi carrera. Buttendz nació directamente de un problema que experimenté como jugador y de mi convicción de que tenía que existir una solución mejor.
¿Ha influido trabajar con jugadores de países como España, Puerto Rico y Perú en vuestra forma de entender los productos y las necesidades de los jugadores de todo el mundo?

Absolutamente. Me ha demostrado que determinadas necesidades son universales.
Tanto si alguien juega profesionalmente en Norteamérica como si patina a última hora de la noche en Perú, los jugadores se preocupan por cómo se siente su equipamiento. Quieren control, confianza, comodidad y la oportunidad de rendir al máximo.
La gran diferencia es el acceso. Los jugadores de los mercados de hockey consolidados están constantemente expuestos a nuevos sticks, equipamiento y tecnología. En las comunidades en desarrollo, esos productos pueden ser difíciles o caros de conseguir.
Cuando el acceso es limitado, cada pieza de equipamiento importa más y tiene que resultar realmente útil. Poner directamente grips de Buttendz en manos de los jugadores y ver sus reacciones refuerza la razón por la que el desarrollo de productos tiene que empezar por el jugador.
El objetivo no es crear equipamiento para un país o un nivel concreto. Es solucionar problemas reales y hacer que el juego se sienta mejor allí donde se practique.
¿Ves Buttendz como algo más que una empresa de hockey, como una forma de ayudar al crecimiento del deporte en países donde todavía está desarrollándose?
Absolutamente. Buttendz comenzó como una empresa de productos, pero para mí se ha convertido en una plataforma para conectar con jugadores, contar historias y compartir el deporte.
El producto suele abrir la puerta. Podemos llegar a una nueva comunidad, poner un grip en el stick de un jugador joven y crear una conexión.
A partir de ahí podemos patinar juntos, entrenar, escuchar, crear contenido y dar visibilidad a historias que rara vez llegan al mundo más amplio del hockey. Cuando mostramos hockey en Perú, Chile, Argentina, Costa Rica u otras comunidades en desarrollo, no estamos allí para apropiarnos de su historia.
Queremos ayudar a que más gente vea lo que los jugadores y responsables locales ya han construido, al mismo tiempo que inspiramos a otros jugadores a imaginar hasta dónde puede llevarles el hockey.
Quiero que Buttendz represente algo más que equipamiento. Quiero que represente creatividad, posibilidades y un amor genuino por el hockey. La marca tiene que ganarse ese papel apareciendo, contribuyendo y escuchando.
Si podemos mejorar la experiencia de un jugador, apoyar a una comunidad o reforzar la confianza de un joven en aquello que puede llegar a ser, eso es mucho más grande que vender un producto.
“Quiero que Buttendz represente algo más que equipamiento.”
Una vida alrededor del hockey
Mirando atrás, desde tu trayectoria en Norteamérica hasta España y Latinoamérica, ¿qué te ha enseñado el hockey sobre las personas y sobre la vida?
El hockey me ha enseñado que, no importa de dónde vengas, tienes derecho a tener un sueño relacionado con el hockey.
Un jugador joven de Chile, Perú, España o cualquier otro lugar puede pensar que es poco realista soñar con jugar profesionalmente o construir una vida alrededor de este deporte. Pero el hockey puede darle una razón para levantarse, ir a la pista, mejorar y creer en algo más grande que el lugar del que procede.
He vivido el hockey en el extremo sur del mundo, en Argentina; en las montañas del Himalaya, en India; en las montañas de Japón; en Estambul y España, y por toda Latinoamérica. En todos los lugares he encontrado personas que comparten el mismo amor por el deporte. El idioma, la cultura, el clima y las instalaciones pueden ser diferentes, pero ese sentimiento es universal.
Un sueño de hockey no tiene que ser igual para todos. Puede significar jugar profesionalmente, entrenar a niños, construir un programa local, crear un producto o simplemente encontrar una comunidad a la que pertenecer.
Si sigues el deporte con curiosidad y valentía, el hockey puede llevarte a un viaje mágico. A mí, desde luego, me lo ha llevado.
“El sueño de jugar al hockey no tiene por qué ser igual para todos.”
Cuando piensas en toda tu carrera, ¿qué momento te hace sonreír más?
No es un gol, un partido o un campeonato concreto. Es el momento en que entro en una pista o en un vestuario en algún lugar del mundo y veo a un jugador utilizando y disfrutando algo que nosotros hemos creado.
Buttendz comenzó como una idea que tuve sentado en un vestuario, intentando solucionar un problema con mi propio equipamiento. Ver cómo aquella idea se ha convertido en un producto utilizado por jugadores de todo el mundo ha sido una de las mayores alegrías de mi vida en el hockey.
Estoy orgulloso de lo que conseguí como jugador, pero crear algo que continúa conectándome con jugadores de hockey de todo el mundo es la parte que más me hace sonreír.
“Mi experiencia en España quedó sin terminar”
¿Podríamos volver a verte algún día en España, como jugador, entrenador o a través de alguno de tus proyectos de hockey?
Absolutamente. Solo leer esa pregunta me emociona. Mi experiencia en España quedó sin terminar.
Me lesioné, mi temporada terminó antes de lo que esperaba y todavía había mucho del país y de su cultura de hockey que quería conocer. Me encantaría volver, sea cual sea el papel que tenga sentido.
Quizá eso signifique volver a jugar, entrenar a jugadores jóvenes, trabajar en un proyecto de Buttendz, crear contenido o encontrar otra manera de apoyar al hockey español. Además, últimamente he estado leyendo mucho a Hemingway, lo que ha hecho que España esté todavía más presente en mi cabeza.
España me dio la oportunidad de cumplir un sueño que llevaba conmigo desde joven. Siempre me sentiré conectado al país y sinceramente creo que todavía hay un capítulo español por delante para mí.
“Mi experiencia en España quedó sin terminar.”
El próximo capítulo
¿Cuáles son ahora los grandes objetivos de Rob LaLonde y Buttendz?
El objetivo es seguir evolucionando, aprendiendo y viendo posibilidades en el hockey que quizá otras personas pasan por alto. Para Buttendz, eso significa desarrollar nuevos productos y aplicar ese mismo enfoque centrado en el jugador a otras áreas del equipamiento.
Viajar y trabajar directamente con jugadores me ha enseñado muchísimo sobre lo que valoran, lo que les frustra y aquello que podría mejorar su experiencia. Quiero convertir esas enseñanzas en productos que tengan una identidad claramente Buttendz.
Pero la visión es también más grande que el equipamiento. Quiero que sigamos creando contenido, contando historias significativas y mostrando a la gente partes del mundo del hockey que rara vez ve. Latinoamérica se ha convertido en una gran pasión para mí, pero existen comunidades mucho más allá de los lugares que ya hemos visitado. Hemos estado hablando con jugadores de países como Venezuela e Irán, lo que me recuerda cuánto queda todavía por descubrir del mundo del hockey.
Personalmente, mi objetivo es seguir teniendo curiosidad y continuar creciendo junto al deporte. Para Buttendz, se trata de crear mejores productos y convertirnos en una marca que contribuya genuinamente a la cultura del hockey y ayude a que más personas se enamoren de este deporte.
Y para terminar… un pequeño favor

¿Estarías dispuesto a donar algunos productos de Buttendz para que los sorteemos a través de @hockeyhielonet y así más jugadores españoles puedan descubrirlos?
Absolutamente.
La pregunta puede ser medio en broma, pero mi respuesta es completamente seria: hagamos ese sorteo.
España me ha dado recuerdos y amistades que siempre valoraré, y estaré encantado de poner algunos grips de Buttendz en manos de jugadores españoles. Envíame los detalles y lo haremos realidad. Espero que esto sea solo el principio.
Me encantaría volver, conocer a más jugadores españoles y comprobar cómo ha seguido creciendo la comunidad de hockey.
Rob LaLonde, una carrera sin fronteras
La historia de Rob LaLonde ya no puede explicarse únicamente a través de sus partidos en Norteamérica.
Su trayectoria pasó por las ligas universitarias y profesionales estadounidenses, pero encontró una nueva dimensión cuando decidió volver al hielo en España después de catorce años alejado de la competición.
Puerto Rico le abrió la puerta al hockey latinoamericano. Perú le llevó hasta Ushuaia. Y la Copa Fin del Mundo terminó convirtiéndose en mucho más que un torneo.
Hoy LaLonde entiende el hockey como una red de comunidades que comparten una misma pasión aunque las circunstancias sean completamente diferentes.
Y quizá ahí esté la idea que mejor resume su filosofía: el hockey no necesita pertenecer a los países tradicionales para ser auténtico. Necesita jugadores, entrenadores, familias, pistas y personas dispuestas a creer que también ellos tienen derecho a soñar.
En ese sentido, Rob LaLonde ha dejado de ser simplemente un jugador que viaja por el mundo. Se ha convertido en uno de los muchos puentes que conectan al hockey tradicional con ese otro hockey que crece lejos de los grandes focos.
Y, por lo que parece, todavía le queda algún capítulo por escribir en España.

