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Fernando Maqueda lleva años consolidándose como una de las figuras emergentes de los banquillos del hockey hielo español. Entrenador del SH Majadahonda y asistente de la selección española Sub-20, este verano ha tenido la oportunidad de participar como entrenador internacional en el USA Hockey National Player Development Camp, uno de los programas de desarrollo de jugadores más prestigiosos del mundo.
Su estancia en Buffalo no se limitó a observar entrenamientos. Integrado como un técnico más dentro de la estructura de USA Hockey, trabajó sobre el hielo, dirigió sesiones, participó en reuniones de evaluación y convivió durante varios días con algunos de los entrenadores responsables de la formación de las futuras generaciones del hockey estadounidense.
En esta primera parte de la entrevista concedida a HockeyHielo.NET, Maqueda analiza qué ha supuesto esta experiencia, qué diferencias ha encontrado entre ambos modelos de desarrollo y cómo pretende trasladar ese aprendizaje tanto al SH Majadahonda como al crecimiento del hockey español.
«Observar cómo trabajan te proporciona información. Que te pongan a trabajar con sus jugadores, bajo sus criterios y con responsabilidades reales te obliga a revisar los tuyos.»
Buffalo: la experiencia
Acabas de regresar del USA Hockey National Player Development Camp. ¿Cómo surgió la invitación y qué ha significado para ti poder formar parte de un programa tan prestigioso?
La oportunidad llegó a través del programa internacional de intercambio de entrenadores entre la IIHF y USA Hockey. La Federación Española, con Maurizio Mansi como impulsor, respaldó mi candidatura y finalmente fui uno de los doce entrenadores internacionales seleccionados.
Esperaba ocupar principalmente un puesto de observador y me encontré con algo muy diferente. No fui simplemente el entrenador español invitado, fui un entrenador más del camp, con las mismas responsabilidades y el mismo nivel de exigencia que cualquier técnico de USA Hockey. Tenía que preparar y dirigir mi parte de los entrenamientos, trabajar en el banquillo durante los partidos y defender mi criterio sobre los jugadores en las reuniones de evaluación.
Esa fue la primera gran sorpresa. Integrar de esa manera a entrenadores procedentes de países y contextos muy diferentes solo es posible cuando existe un sistema suficientemente claro y compartido por todos.
El programa incluyó además una jornada dentro de la organización de los Buffalo Sabres, conociendo desde dentro cómo se estructura el trabajo diario de una franquicia de la NHL.
Observar cómo trabajan te proporciona información. Que te pongan a trabajar con sus jugadores, bajo sus criterios y con responsabilidades reales te obliga a revisar los tuyos. Regreso con muchas ganas de adaptar lo aprendido a nuestra realidad y conseguir que llegue a los jugadores y entrenadores de aquí. Si se queda en una buena experiencia personal, habrá servido de poco.
Después de convivir durante varios días con entrenadores de USA Hockey, ¿qué fue lo primero que pensaste que deberíamos copiar en España?
Lo primero que pensé no fue en un ejercicio ni en un sistema de juego. Fue en que todos los entrenadores hablaban el mismo «idioma».
Eran técnicos procedentes de programas diferentes y, en muchos casos, no habían trabajado juntos anteriormente. Sin embargo, corregían los mismos hábitos, utilizaban un lenguaje muy parecido y concedían importancia a las mismas cosas. Eso no aparece por casualidad. Detrás existe un modelo nacional de desarrollo, el American Development Model, y sobre todo un programa de formación de entrenadores que lo sostiene.
El programa de USA Hockey lo sostienen sus entrenadores. Cuando los técnicos de un país comparten lenguaje, método y criterios, el jugador recibe un mensaje coherente durante todo su desarrollo, en lugar de tener que comenzar de cero cada temporada.
También me impactó el nivel de competitividad diaria. Pero no es simplemente una cuestión de carácter nacional, está diseñada. Se entrena, se exige y forma parte del programa desde las primeras etapas.
Copiar el modelo estadounidense completo no tendría sentido porque nuestras licencias, recursos y realidad son diferentes. Lo que sí podemos trasladar es la idea de construir un camino definido desde edades tempranas, compartido y conocido por todos. Eso no cuesta dinero, es cuestión de voluntad.
Has hablado de «nuevas herramientas». ¿Puedes contarnos alguna que tengas claro que vas a empezar a aplicar desde esta misma temporada?
La principal es un proceso más estructurado de desarrollo individual. Queremos que cada jugador tenga claras sus prioridades de mejora, entienda por qué son importantes para su juego y sepa cómo vamos a trabajar y evaluar su evolución durante la temporada.
Otra herramienta importante es el análisis de vídeo, no solo para corregir acciones técnicas o tácticas sino como herramienta de desarrollo del hockey IQ. De esta forma, es el jugador quien debe observar, interpretar y encontrar respuestas, en lugar de recibir siempre la solución del entrenador.

¿Hubo alguna idea preconcebida sobre el hockey estadounidense que hayas cambiado completamente durante esta experiencia?
Sí, y bastante. Antes de viajar asociaba una cultura tan competitiva como la estadounidense con una gran presión por el resultado y una exigencia mal entendida. Me encontré con una realidad mucho más equilibrada. Allí conceden una enorme importancia a formar primero a la persona, después al atleta y, solo a partir de ahí, al jugador de hockey.
Y una de las cosas que más me llamó la atención fue el motivo por el que los entrenadores elevaban el nivel de la corrección. Las correcciones más firmes no aparecían normalmente por un pase fallado o una ejecución incorrecta. Llegaban cuando un jugador se alejaba de los hábitos, los principios o la identidad de juego definida por el programa. Es una distinción importante. El error de ejecución forma parte del aprendizaje y debe corregirse ayudando al jugador a comprenderlo. El error contra la identidad no se negocia. Eso demuestra hasta qué punto el modelo está por encima de cualquier entrenador, jugador o resultado puntual.
También viajé con el tópico del hockey estadounidense físico, rápido y agresivo en la presión. Y lo es. Lo que no esperaba era la profundidad del trabajo que existe detrás sobre la toma de decisiones, lectura del juego y velocidad de decisión.
La intensidad es la parte visible pero todo el trabajo mental que la sostiene no se aprecia desde la grada.
El problema no está en la falta de personas preparadas sino en que necesitamos un plan de desarrollo de entrenadores más sólido, con formación continua, mejores herramientas y un camino claro para seguir creciendo
Formación de jugadores
Estados Unidos produce jugadores de élite de manera constante. Más allá del número de licencias, ¿qué hacen mejor que nosotros durante la etapa de formación?
La diferencia real está en el volumen de competición y la edad a la que empiezan dicha competición. En determinados programas, un jugador estadounidense puede acercarse a los 60 partidos por temporada, mientras que muchos de nuestros jugadores comienzan a competir realmente a los 14 años y rondan los 20 por temporada. Esa distancia no se compensa entrenando más (que tampoco lo hacemos), porque hay cosas que solo se aprenden jugando, especialmente en edad temprana que es cuando más consolidan el aprendizaje.
Lo segundo es la especialización del entrenador de base. Allí, el técnico que trabaja con los más pequeños está formado específicamente para esa etapa, dispone de herramientas y apoyo y no entiende su trabajo como un puesto de paso hacia el primer equipo. Es un destino, no un peaje.
Después está todo lo que rodea al jugador como la disponibilidad de hielo, la preparación física, el vídeo, el seguimiento, una competición exigente y una cultura en la que el hockey tiene mucha presencia.
En España hay talento y también entrenadores excelentes. En mi propio club tenemos ejemplos como Pablo Mata, y conozco a muchos técnicos de formación con una enorme voluntad y compromiso. El problema no está en la falta de personas preparadas sino en que necesitamos un plan de desarrollo de entrenadores más sólido, con formación continua, mejores herramientas y un camino claro para seguir creciendo.
Si pudieras importar una sola metodología del sistema americano al hockey español, ¿cuál sería?
Si tuviera que elegir una sola cosa, elegiría su forma de diseñar las tareas, especialmente el enfoque conocido como Constraints-Led Approach. En lugar de dar directamente la solución al jugador, el entrenador modifica las condiciones del ejercicio (el espacio, el tiempo, el número de jugadores o las reglas) para obligarle a observar, adaptarse y encontrar respuestas diferentes, siempre con oposición y dentro de un contexto parecido al partido.
Un jugador que solo sabe ejecutar aquello que le han indicado desde el banquillo deja de tener respuestas en el momento en que el rival hace algo que no estaba previsto en la pizarra.
¿Qué perfil de jugador necesita ahora mismo el hockey español y no estamos siendo capaces de desarrollar?
Necesitamos desarrollar con mayor frecuencia jugadores capaces de pensar y ejecutar a alta velocidad. Esto se traslada principalmente a dos áreas:
La primera es el patinaje y no hablo solo de velocidad punta sino de aceleración, cambios de dirección, equilibrio y dominio de los filos, siempre manteniendo una técnica eficiente cuando aparecen la presión, la oposición y la necesidad de decidir con poco tiempo y espacio.
La segunda es la lectura del juego y la toma de decisiones, lo que solemos llamar hockey IQ. Escanear antes de recibir el puck, anticipar, interpretar el espacio y elegir bien con muy poco tiempo de reacción es una habilidad de élite muy escasa en nuestro país.
No es que no sepamos entrenar esas capacidades, sino que ambas se desarrollan principalmente cuando el jugador debe aplicarlas de forma constante en situaciones reales de competición. Si queremos jugadores capaces de pensar y ejecutar a la velocidad del hockey internacional necesitamos competir más y mejor. Por eso insisto tanto en el calendario y el número de partidos competitivos.

Después de lo vivido en Buffalo, ¿eres más optimista o más crítico con el futuro del hockey base en España?
Más optimista y, al mismo tiempo, más impaciente.
Optimista porque tenemos talento, clubes haciendo un trabajo serio y entrenadores muy comprometidos. También porque el hecho de que la Federación respaldara nuestra participación en un programa como este demuestra una voluntad real de aprender de otros modelos y traer conocimiento al hockey español.
Impaciente porque regresé con la certeza de que muchas mejoras no dependen de grandes presupuestos. Compartir un lenguaje común entre entrenadores, definir un camino de desarrollo desde edades tempranas y elevar la calidad de los entornos formativos son decisiones que podemos empezar a tomar ahora. También necesitamos reforzar desde hoy la formación de entrenadores y dar continuidad a un proyecto común para desarrollar mejor a nuestros jugadores y técnicos.
Y también vuelvo mucho más crítico conmigo mismo. Si regreso de Buffalo enumerando solo lo que debe cambiar el sistema y no aquello que debo cambiar yo como entrenador, la experiencia habrá servido de poco.
Hemos decidido invertir en el proyecto del CH Madrid porque entendemos que debe ser una vía de desarrollo planificada, con minutos, responsabilidades y un entorno adecuado para cada jugador.
Majadahonda y el modelo de competición
Majadahonda lleva años siendo uno de los clubes que más jugadores forma en España. ¿Cuál es el secreto para mantener ese nivel temporada tras temporada?
No creo que exista un único secreto. Tenemos un buen programa deportivo, una cantera amplia y mucho trabajo detrás por parte de entrenadores, coordinadores, familias y personal del club. Esa continuidad permite que cada temporada aparezcan nuevos jugadores, se incorporen al programa y ayuden a que toda la estructura siga creciendo.
Desde que llegué hemos intentado avanzar principalmente en dos direcciones. La primera es construir una identidad reconocible, que un jugador de las categorías inferiores y uno del primer equipo compartan una forma parecida de entrenar, competir y entender el juego. Es, a escala de club, algo parecido a lo que vi en Buffalo a escala nacional.
La segunda es seguir profesionalizando la estructura sin perder el foco en el desarrollo del jugador nacional. Queremos que el primer equipo gane, pero también que sea la continuación natural de la cantera y no un compartimento separado del resto del club. El objetivo no es depender de que aparezca una generación extraordinaria cada cierto tiempo, sino construir un programa capaz de desarrollar jugadores de forma constante.
La ausencia de una competición Sub-20 estable que ofrezca un desarrollo más progresivo de los jugadores obliga a los más jóvenes de Majadahonda a disputar la liga sénior desde muy temprano también con el CH Madrid. ¿Crees que el modelo actual favorece realmente el desarrollo de estos jugadores?
La ausencia de una competición U20 estable es un problema real y limita nuestras opciones. Pero eso no significa que empujemos automáticamente a todos nuestros jugadores jóvenes hacia el sénior. Cada caso se decide de manera individual, valorando la madurez del jugador, su nivel, el rol que va a asumir y el entorno que más puede ayudarle a progresar. A algunos les beneficia competir antes en sénior y a otros podría perjudicarles, y en esos casos no damos ese paso.
La experiencia de la pasada temporada con el CH Madrid funcionó precisamente por el equilibrio. Los jugadores jóvenes compartieron vestuario con veteranos con muchos años de experiencia en Liga Nacional, que ejercieron como referencia dentro y fuera del hielo. Eso les permitió disputar muchos minutos de competición a alto nivel, asumir responsabilidades diferentes y adquirir hábitos competitivos que no pueden reproducirse completamente en un entrenamiento.
Por eso esta temporada queremos reforzar todavía más este modelo. Ha sido importante en la evolución de varios jugadores que pueden tener peso en el primer equipo durante los próximos años y también ha ayudado a preparar a algunos para competir a buen nivel fuera de España, como Guillermo Esteban.
Hemos decidido invertir en el proyecto del CH Madrid porque entendemos que debe ser una vía de desarrollo planificada, con minutos, responsabilidades y un entorno adecuado para cada jugador. No buscamos que lleguen antes al sénior, sino que lleguen mejor preparados al SH Majadahonda.
Mañana subiremos la Segunda Parte de la entrevista, en la que hablaremos sobre el calendario y formato de competición, la profesionalización de la Liga Nacional y qué le falta a Majadahonda para volver a conquistar un título nacional.
